Sábado, 05 Marzo 2016 12:22

¡Médicos de corazón!

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Samanta tiene 5 años y en su inocencia juega a ser grande. Quienes llegan a la casa y la encuentran entre muñecos enfermos y con instrumentos médicos en sus manos, quedan asombrados cuando dice: "Yo quiero ser doctora".


Muchos son los que como Samanta de pequeños abrazan el amor a una carrera de alto contenido humano y de enormes sacrificios; quizás porque mamá viste la bata blanca o porque siempre fue su juego preferido, suman miles los que crecen junto a ese sueño.
Más de 51 mil galenos de esta Isla cumplen misiones internacionalistas, por lo que es imprescindible garantizar, sobre todo, la cobertura de los servicios médicos a la población cubana.
En los últimos años, se ha incrementado el número de plazas para incentivar la formación de los profesionales de la Salud. De las más de 57 mil carreras disponibles para el curso escolar 2015-2016, el 60 por ciento se comparte entre las Ciencias Médicas y las Pedagógicas.
Sin embargo, pese a las buenas noticias, varias dudas saltan a la mente: ¿La motivación de los aspirantes para decidirse por la carrera es la correcta? ¿Dónde queda la calidad de los doctores que permanecen en la Isla?
Poderoso aliciente constituye la expectativa de salir a una misión recién terminada la Universidad. Otra de las razones predominantes para estudiar la Medicina tiene que ver con la presión familiar, en muchos casos desproporcionada, al considerar los aumentos salariales que recientemente percibieron los doctores.
Una de las últimas tendencias es optar por la carrera porque es lo que más se oferta, en ocasiones, sin cumplir los requisitos básicos para transitar por la más sacrificada y la más humana carrera.
Sin embargo, todo el que tenga un promedio académico suficiente no puede estudiar medicina, para obtener esta beca se necesita mucho más que notas sobresalientes; se requiere una verdadera combinación que, en muchos casos, no se logra reconocer mediante una prueba que, más que medir aptitudes, se convierte en preguntas del acontecer noticioso e historia clínica del que aplica.
Lo bueno de todo esto es que la mayoría de los aspirantes se adapta al ritmo de estudio que requiere la carrera, sin embargo, no son pocos los que quedan en el camino.
Entonces, ¿qué futuro le espera a un joven a quien no le apasiona lo que hace? ¿Qué clase de profesional será? ¿Vale la pena perder el tiempo y energías en una actividad finalmente vacía?
Exámenes de aptitud los más rigurosos y específicos posibles son el primer paso para avalar la calidad de los futuros doctores; de ellos y de sus maestros dependerá llevar a buen puerto la tarea.
Garantizar la calidad de los galenos en formación es la prioridad de estos tiempos. Queremos médicos de corazón, por lo que es de extrema importancia captar a quienes, como Samanta, llevan en la sangre el amor por la Medicina.

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