Martes, 05 Noviembre 2019 07:11

No tengo quejas de mi Cuba, pero sí de la agresividad de EE.UU.

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Las Tunas.- Desde los 20 años de edad Danaisa Rojas Ochoa dejó de ver el azul de las aguas marinas de su natal Puerto Padre, así como toda la belleza de la naturaleza y de la vida que le servían de inspiración para la poesía, pero aun en las tinieblas, no ha dejado de inspirarse para continuar su sueño y dejar atrás la inercia.

Ahora, a los 45 años, reconoce ser una mujer fuerte y optimista, que vive pensando en que su hijo Iván Ramón continúe creciendo de informático y que los miembros de la Asociación Nacional de Ciegos (ANCI) en la provincia de Las Tunas, que ella preside, sean bien atendidos y reciban los beneficios que les corresponde como seres humanos.

Cuando se le pregunta sobre los más de mil 900 afiliados a la ANCI en ese territorio oriental, significa que tienen en contra la agresividad del gobierno de Estados Unidos.

¿Por qué?

Carecemos de máquinas Braille, que en lo fundamental se importaban de Estados Unidos, y adquirirlas en terceros países implica precios multiplicados, enfatiza Danaisa, quien afirma: "Es lamentable que después de escribir con regleta y punzón carezcamos de esta técnica.

"Incluso varios asociados matriculados en las universidades se ven limitados para desarrollar sus estudios, y los que terminan no pueden profundizar en sus tesis.

"Por causa del bloqueo también hay un gran déficit de tecnología parlante como relojes, efigmos, calculadoras y termómetros.

"La última carencia es la de combustible, lo cual nos ha obligado a suspender encuentros con los asociados, que forman parte del Programa de Rehabilitación que tenemos planificado. Pero como en Cuba disponemos de un potente Sistema Educacional, seguimos adelante con variantes y la voluntad de vencer.

"Siento en lo personal y como presidenta provincial de la ANCI, los obstáculos impuestos por la administración estadounidense, pero sé que nuestros asociados nunca serán desamparados por la Revolución".

Danaisa recuerda que en sus primeros años de existencia le detectaron una miopía progresiva, luego le diagnosticaron retinosis pigmentaria, pero fue en el preuniversitario cuando comenzó a tener serias dificultades para ver, hasta que a los 20 años perdió la visión completamente.

Confiesa que no tiene quejas de su Cuba, que todo ha sido parte del destino, porque en su Patria se hizo lo posible para devolverle la visión, con el concurso de especialistas y el uso de tecnología de avanzada y, por supuesto, sin que se le cobrara un centavo.

Danaisa continúa con la energía que le caracteriza, evoca sus poemas A tu regreso, Vigas del invierno y Carne de luz, e inmersa en su poesía intimista; sin descuidar los detalles de la vida de adultos y niños, ciegos o de baja visión.

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