Jueves, 08 Agosto 2019 13:10

Desafíos en la compra del uniforme escolar

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

Las Tunas.- Advertida de antemano, pero con la esperanza de vivir una experiencia diferente, me dispuse a comprar el uniforme de mi hijo. Por primera vez asistirá a la Enseñanza Prescolar y yo, que me confieso madre enamorada, estaba deseosa de verlo vestido con su atuendo. No imaginé que aquel anhelo se convertiría en una verdadera odisea.

Poco antes de la cinco de la madrugada mi esposo llegó a la tienda La Reforma, ubicada en una zona céntrica de la ciudad, para reservar uno de los primeros turnos en la cola. Ilusos, él y yo, que creímos romper el récord de llegada, pues el horario de apertura es a la 9:00 am. Allí, poco más de 40 personas llevaban la delantera en una aventura que inició la noche precedente.
Con la solidaridad que nos caracteriza a los cubanos, mi compañero anotó en la lista a cinco padres, cuyos hijos también empiezan la escuela. La verdad ya nos habíamos puesto de acuerdo desde el día anterior; quien llegara primero guardaría los turnos al resto, y así fue. Tiempo después, él regresó a casa para que yo ocupara su lugar y me advirtió del mar de pueblo a la espera.
No perdí el ánimo, por el contrario, pensé en la suerte de estar entre los "primeros" de un listado que incluía a más de 200 clientes. Tanta era la multitud, que casi cerrábamos el paso de la calle. Al principio todo parecía marchar bien, pero en un abrir y cerrar de ojos el tumulto estaba dentro del recinto, de la manera más desordenada posible. Entonces, comprendí de golpe que mi estancia allí sería más prolongada de lo previsto.
Todos hablaban a la vez y los gritos de quienes exigían orden parecían inútiles. Unos opinaban que lo ideal era haber divido las colas según la enseñanza escolar; otros culpaban a los dependientes por permitir la entrada de tantas personas a la vez, y unos pocos (entre ellos yo) reflejaban en el rostro el desconcierto de tamaña desorganización.
Por el lugar desfilaron madres con pequeños en brazos, discapacitados y hasta embarazadas. Siempre recibieron prioridad, aun cuando no faltaron los comentarios desfavorables sobre aquellos impedidos que aprovechan su condición para hacer la compra a otros, que no son ni parientes cercanos. Una triste realidad difícil de probar.
A pesar de los esfuerzos de una de las madres por mantener el orden, siempre algún disimulado encontró la forma de ocupar un puesto en la fila; algo muy común en nuestra cotidianidad. Aquella posición 45, que tanto luchó mi esposo, resultó ser tan solo un número guía, pues muchas más personas compraron delante.
La adecuada información y las soluciones inteligentes podrían ahorrar disgustos, malos entendidos e incluso evitar las ausencias al puesto laboral. Un asunto con mucha tela por donde cortar, tanta como la de los uniformes de tallas extra grandes que son, quizás, la principal causa del desespero de las progenitoras por comprar al principio y evitarse las molestias de rehacer el atuendo escolar.
El clima cálido comenzó a impactar sobre nuestros cuerpos, ya agotados por las tantas horas de pie. Sin embargo,  seguimos firmes, y al menos en mi grupo, nadie se rindió. Contar historias de nuestros pequeños nos mantuvo abstraídas por momentos; el poder del amor es así de grande.
De regreso a la realidad, me vi pegada al mostrador a solo unos pasos de la meta. En ese instante, la muchacha de ojos claros, justo delante de mí, comentó que estaba en la cola desde la 3:30 de la madrugada, y sin un relevo. Sentí hasta un poco culpa de mi desasosiego y claro está, en ese punto no podía darme el lujo de abandonar.
Eran más de las 12 del mediodía cuando logré comprar el uniforme. Me fui sin mirar atrás, pero llevé conmigo el sabor amargo de aquella experiencia. Y espero que la alegría de septiembre y las tensiones del curso escolar opaquen en mi memoria la odisea vivida.

Visto 1226 veces

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.