Viernes, 19 Abril 2019 07:17

Premio al hombre que se cuenta desde sus casas

Escrito por Esther De la Cruz Castillejo
Premio al hombre que se cuenta desde sus casas Foto: Radio Libertad

Las Tunas.- Una vivienda particular  enclavada en el centro de la ciudad de Puerto Padre se alzó con una Mención Especial por la Cátedra de arquitectura de la Oficina del Historiador de La Habna, en la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Conservación y Restauración Monumental este año.

Las casas cuentan el paso de los hombres por este mundo. Sus gustos, añoranzas; sus huellas, sus perdones. Todo encaja por entre las hendijas de las paredes y los techos que dan cobija y razones al linaje que las habita. La historia no es distinta en la vivienda número 73, de la calle 24 de Febrero, cercana al parque Martí, en la ciudad de Puerto Padre.
Ahí nació hace más de siete décadas Francisco Ramón Álvarez Suárez, o sencillamente Francisquito, su actual propietario. Pero la amplia casona  tiene una historia precedida de tiempos. Y algunos hasta llegan a jurar que por estos días celebra sus 131 años en pie, a pesar de que los archivos del Registro de la Propiedad asientan su construcción en 1905.
Conserva su añeja majestad. Y al que lo dude, le luce sus techos de tejas francesas y puntal alto, el tabloncillo de sus paredes, la soportería de madera preciosa; el patio interior, con su sistema antiquísimo para colectar agua y el aljibe; y hasta los pisos, que cambian de diseños y colores según el local por el que usted desande, cómplices.
Muchos han sido ya sus propietarios. Destaca entre ellos la patriota mambisa Mercedes Tornet Villareal, insigne bayamesa, esposa del mayor general del Ejército Libertador Francisco Varona González, reconocido defensor de Cuba en las tres guerras de independencia, y madre de sus cinco hijos.
Luego serían Pablo Casanova Socarrás y Gervasio Álvarez Artime, hasta llegar a manos del padre de Francisquito (Ramón Álvarez Artime), por un precio de mil pesos en la moneda oficial de la época, allá por 1942.
Esos han sido los dueños conocidos, de acuerdo con los documentos oficiales. Pudieran ser más. No en balde la tapia frontal de la morada tiene una inscripción en loza cerámica que cita: Villa Matilde y Ramón desde 1902.
Lo cierto es que, actualmente, esta construcción bellísima, con sus ventanas tipo miami, que atesora 10 objetos inventariados por el Registro de Bienes Culturales, es el orgullo de quienes apuestan acá por la defensa y la conservación del patrimonio; que es como decir, el paso del hombre y sus obras por este espacio de Cuba.
Ojalá este buen resultado marque una rotunda diferencia y sea preludio de un trabajo intenso y mancomunado en temas de conservación y restauración patrimonial. Siendo así, tal vez un día podamos contar a nuestros hijos cuánto hemos hecho y crecido desde hace mucho tiempo, a través de las aldabas, porcelanas, muebles y columpios diseminados por estos parajes.

 

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