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Las Tunas.- Mantener limpias las viviendas, los barrios y las comunidades resulta vital en el enfrentamiento a cualquier dilema de salud. Claro, en tiempos de la Covid 19, la higiene de nuestros espacios recobra un sentido muy especial. Porque Las Tunas dista mucho de ser un lugar perfecto en estos asuntos, aunque ya nadie discute que está entre los territorios más limpios de Cuba.

Por supuesto, muchas son las carencias materiales que acompañan tamaña verdad. Apenas una parte de este municipio cabecera y una ínfima porción de Puerto Padre tienen carros para la recogida de desechos; en tal sentido, sigue siendo la tracción animal el principal mecanismo. Tampoco es que sean demasiados los guantes, las escobas y los otros materiales que llegan para esos menesteres, además del que es preciso para mantener la limpieza de los parques, los contenes y las instituciones.

Pero, a juicio de muchos lugareños y de la mayoría de los entendidos que desandan hoy esta pequeña comarca, es la constante indisciplina social una de las causas fundamentales de toda esta situación.

Por eso 26 Digital salió a las calles y conversó con barrenderos que limpian una cuadra y esperan, muy quietos, en el banquito de la esquina porque "cinco minutos después de acabar es que la institución que tiene la sede en esa comunidad acaba de barrer sus pasillos, y sacan de todo a la calle. Y uno habla y les dice, pero lo siguen haciendo. Y es todos los días".

Supimos de vecinos que pelean y hasta gritan bien alto cuando los carretoneros insisten en que no pueden botarles los escombros que ligaron con la basura de frente a la casa o que no, tampoco es posible llevar el tronco del árbol del patio que fue necesario podar. "A veces pasamos por ahí, una semana después y donde estaba el churre ya hay un microvertedero y algunos arbustos se secan pegaditos a las aceras, porque los deshojan, los cortan en trozos, y ya".

Ciertos espacios se han vuelto tristemente habituales de este dilema. Alguien contó que "detrás del 12 Plantas eso da grima" y otros salieron al paso y hablaron de entre calles citadinas repletas de desechos y hasta de restos de mondongo de puerco tirados por ahí, protegidos, a veces, por la oscuridad de la noche.

Tenemos pocos cestos, es verdad, pero entre esos están los que resultan víctimas de hechos vandálicos y hasta robos. "Se llevan las ruedas de los carritos que ha puesto Comunales para usarlas sabrá Dios en qué -comenta Marcos, un vecino de los alrededores de la terminal-. Y también desaparecen los cestos o los destrozan, por los malos tratos".

En cualesquiera de los repartos de Las Tunas esa problemática es un dilema serio. Pero si usted camina los alrededores del río Hórmigo, puede constatar, de primera mano, uno de los ejemplos más tristes de esta situación. No hay presupuesto para el dragado integral que requiere el poético sitio, es cierto; pero, han caído en saco vacío los esfuerzos gubernamentales de poner coto a tanto desperdicio, vuelto daño ambiental.

"Terminan de limpiar un pedazo del río y en uno o dos días, está peor", alegan los vecinos. Y cuentan de lo humano y lo divino porque "ahí se ve de todo. Y es contaminación, mosquito y enfermedades. Da hasta rabia cómo la gente viene en bicicleta, tira su bolsita, sigue de largo y se olvida de que aquí vivimos personas".
Sí, Las Tunas está entre las ciudades más limpias de Cuba; pero, evidentemente, falta mucho por hacer. Más control sobre estos lugares, lo mismo desde los cuerpos de inspección que desde las mismas entidades enclavadas en los espacios, resulta necesario.

También es vital el despertar de la conciencia ciudadana. Porque cuidar el entorno es tener en cuenta nuestra propia salud. Algo que, en tiempos de la Covid 19, hace imprescindible multiplicar el actuar de todos.