iliana perez

Las Tunas.- Pide perdón. La culpa la invade al recordar a todos aquellos a quienes saludó cuando ni pensaba que el nuevo coronavirus podía entrar a su hogar. Su esposo llegó de Italia el 9 de marzo, pero no fue hasta cinco días después que comenzó con los síntomas. Rápidamente se le hizo el examen que comprobó la triste noticia y fue trasladado al centro de aislamiento El Cocal, ubicado en la provincia de Holguín. Ella fue ingresada como sospechosa en Las Tunas, y lamentablemente las pruebas dieron que también estaba contagiada.

Es la historia de Iliana Pérez, radicada en Guayacán, municipio de Jesús Menéndez, la primera persona de esta provincia afectada por la Covid-19. El periodista Miguel Díaz Nápoles, de Radio Victoria, tuvo la primicia. Sus datos hilvanan estos trazos y me hacen pensar en esos ciudadanos que andan aún por la calle sin justificación creyendo que no les tocará…

A ella no la juzgo (la vida ya le ha cobrado), más bien me sumo a su dolor. Al escuchar su testimonio en el sitio de la emisora provincial www.tiempo21.cu se encogieron los rincones de mi pecho. ¿Cuánta angustia sentirá lejos de su hija? ¿Cuánto miedo al pensar que se trata de un virus mortal, que solo en América Latina ha cobrado más de 180 muertes? ¿Cuánto se lamentará al recordar a esos familiares y amigos que ella y su esposo saludaron estando asintomáticos? ¿Cuánta incertidumbre habrá en su interior a pesar de las excelentes atenciones que ha recibido por parte del personal de Salud?

Del Balcón de Oriente fue trasladada hacia la Ciudad de los Parques. Hoy permanece ingresada en el Hospital Militar de esos predios y reconoce que allí “todo es maravilloso”. Observo una foto suya e intento desentrañar cuánto han llorado sus ojos. Apenas tiene 38 años, pero esta pandemia no cree en edades ni en geografía. Un nasobuco verde acompaña la imagen; ella ya sabe que no se trata de una moda ni un símbolo, y así de simple puede marcar la diferencia.

Una y otra vez escucho el audio en el que deja claro su sentimiento de culpa “por haber corrido el riesgo de contagiar a otras personas… por habernos confiado”. La distancia duele, pero más duele el peso de las acciones. Por eso, desde el fondo de su alma, aconseja: “Aprendan a valorar sus vidas y tomen todas las medidas, aunque sean extremas, porque esto no es un juego y a cualquiera le puede tocar, cualquiera puede estar contagiado y no tener síntomas, como fue mi caso. Háganlo por ustedes, por su familia, por los demás…”.

La pesadilla para ella no ha acabado, mas sus palabras exhortan a la reflexión. A pesar de todas las medidas tomadas en nuestro país y la consiguiente divulgación de las sanciones a los infractores, todavía he visto desde la ventana de mi casa a niños jugando en plena calle y gente vestida “de etiqueta” pasar como si nada (no hablo de los que salen por necesidad, porque no les queda otra opción). Qué triste sería que su mundo se derrumbe como el de Iliana, por no entender a tiempo que esto es cuestión de vida o muerte. ¡Cuidémonos!