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Las Tunas.- Sin que todavía se sepa con exactitud los efectos que tendrá en la economía de esta provincia del oriente cubano la reducción drástica de la actividad productiva y comercial a escala nacional y global por la pandemia del nuevo coronavirus, si está claro que este territorio parte de una situación desfavorable que exigirá del esfuerzo mancomunado de todos para mitigar en lo posible los ya perceptibles perjuicios.

Cuando concluyó el mes de febrero del actual año, Las Tunas cumplió al 80 por ciento sus ventas netas programadas con un preocupante grupo de entidades que además, no honraron sus planes de producciones físicas de renglones de alta demanda como el tomate, el frijol, los productos lácteos o la carne de cerdo; particularmente sobresalía la Empresa Azucarera, que marchaba 34 mil toneladas por debajo de la fabricación de azúcar prevista para ese momento.

Tampoco tenía buena cara la circulación mercantil minorista. Su déficit de 29,2 millones de pesos pone una señal de alarma para las arcas públicas, pues de esta depende mucho de los fondos disponibles para el pago de los salarios del sector presupuestado estatal.

Las estrecheces del país, causadas primordialmente por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, igualmente se están notando negativamente en los ingresos por exportaciones de Las Tunas los que, transcurridos los dos meses del año, ya habían dejado de percibir 71 millones de pesos convertibles. Similar preocupación suscita el incremento de la liquidez, pues están circulando en la provincia sin el necesario respaldo en mercancías o servicios 41 millones de pesos.

La semana pasada, el ministro cubano de Economía Alejandro Gil Fernández alertó que la presente situación pandémica indudablemente repercutirá negativamente en el país; en un grado que, aclaró, es imposible determinar todavía. De ahí que las cifras desfavorables con que Las Tunas afronta los efecto,s aún sin saber a ciencia cierta que tendrá la Covid-19, evidencian que habrá que tensar todos los resortes internos para mitigar en lo posible dicho impacto.

Al respecto, Gil Fernández destacó que en general la economía cubana deberá apostar por sus fortalezas, que resumió en la planificación centralizada que posibilita colocar los recursos sobre la base de interés social; la soberanía en el manejo de los recursos presupuestarios, una política social inclusiva y la experiencia acumulada ante situaciones tensas análogas a la actual.