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Las Tunas.- El sol desgrana la esperanza por los rincones del barrio y simula una suerte de “tun, tun” en la mayoría de las puertas y ventanas que permanecen cerradas. Hay silencios y vacíos que nos parecen enormes en la avenida Primero de Enero, llena hasta hace poco de ruidos, voces, carros y corretear de caballos prácticamente las 24 horas. La modorra de estos amaneceres inquietos, entre la expectación y la alegría de vivir, se rompe temprano. ¡Suerte de tener a estos bravos muchachos! ¡Ya están en la puerta!

Jovial, con una sonrisa que infunde confianza, su rostro bonito anda “enmascarado”. Aun así, los ojos de Melissa Velázquez Acosta hurgan en las respuestas que le das. Cada día, cuando hace la pesquisa en el Consejo Popular 18, que abarca un área de los edificios multifamiliares en el reparto Santos, se crece a su estatura de estudiante mientras rebasa con ternura el calor y el sube y baja de las escaleras.

“Me siento bien -dice- porque la población me abre la puerta, son afectivos y siempre les pido que no oculten ningún síntoma. Están cooperando y atienden nuestras recomendaciones. Eso reconforta mucho y nos hace sentir más útiles. A veces, se da el caso de que no nos abren, pero son muy pocos, y volvemos. Con los días, esto sucede menos y me da mucha alegría”.

Sabemos que debe ir escaleras arriba y visitar alrededor de 100 familias. Un reto que con mucho amor y ética asume esta estudiante del tercer año de la carrera de Medicina de la universidad Zoilo Marinello. La miro mientras toca en casa de mi vecina. Ella, mañana, no solo podrá contar las heroicas jornadas de estos tiempos de pandemia, sino que tendrá memorias altruistas que decirles a los hijos y los nietos.

Para entonces, el año 2020 y el Covid-19 serán una marca triste en el corazón del mundo, pero igual, para esta muchacha, llena de amor por su profesión y la vida en este Balcón de Oriente. Porque ese toque leve y seguro de Melissa es un canto salvador, como el sol que ahora mismo redescubre la esperanza.