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Las Tunas. - El niño de Eduardo Leyva Vázquez de 6 años de edad, no se va a dormir cada noche hasta que no ha pasado el momento de aplaudir. Su papi es uno de los técnicos responsables de que hoy en esta provincia del oriente cubano esté funcionado más del 90 por ciento de los equipos de soporte vital a los pacientes aquejados de enfermedades respiratorias severas, como la COVID-19. “Se siente bien”, afirma Eduardo para describir sus sensaciones cuando su barrio estalla en aplausos. Más de una vez, confiesa, no ha podido evitar las lágrimas en sus ojos.

Junto a sus colegas Yoeni Peña y David Céspedes, este especialista en Soporte de Vida en el hospital Ernesto Guevara de la ciudad de Las Tunas, devolvió al trabajo un equipo ventilador pulmonar Drager (modelo Oxylog 3000) que en otras condiciones habría sido dado de baja. Ese, hoy, es un lujo que no pueden darse.

“La situación que tenemos lo amerita”, dice el también licenciado en Electromedicina, quien más de una vez ha interrumpido su descanso nocturno o de madrugada para reparar con urgencia un dispositivo al cual está conectado algún paciente grave en esa instalación hospitalaria. “Es lo menos que podemos hacer, porque uno sabe que es la vida lo que está en juego”, sostiene.

EL BLOQUEO EXISTE, VALGA LA REDUNDANCIA

Cuba hace grandes esfuerzos para mantener en alta todo el equipamiento médico hospitalario, pues le está vedado el acceso expedito tanto a los nuevos como a piezas de repuesto de los existentes por el cerco económico impuesto por los Estados Unidos hace más de seis décadas. Esa dilatada desventaja se agravó en los últimos meses con el azote de la pandemia de la COVID-19, mientras fue más prioritario aún disponer de todos los equipos de ventilación artificial posibles.

“Creamos tres equipos de trabajo que ya recuperaron tres, dos en el municipio de Puerto Padre y otro en la cabecera provincial”, explica Alberto Andrés Charles Martínez, director del Centro Provincial de Electromedicina. “La respuesta del colectivo fue inmediata. Incluso, se reincorporaron compañeros que estaban de vacaciones y quienes fueron responsables de recomponer los dos ventiladores de Puerto Padre”, subraya.

El cometido de estos expertos incluye el mantenimiento y la reparación de las máquinas de anestesia y de electrocardiograma, igualmente cruciales en las salas de Cuidados Intensivos; de los primeros ya recuperaron dos que en escenarios menos adversos que el habitual habrían sido desmantelados. Aunque decirlo es fácil, hacerlo no tanto.

Fernando Ferrera Núñez, el subdirector técnico, muestra cómo en el grupo de Telegram, a través de cual intercambian opiniones con colegas de todo el país, corrió como pólvora la noticia de que los fabricantes IMT Medial AG y Acutronic habían cesado sus relaciones de trabajo con Cuba, tras ser adquiridos por la estadounidense Vyaire Medical Inc . “Eran los suministradores de varios de los equipos que tenemos en los hospitales y eso significa que ya no nos venderán más piezas de repuesto”. 

“Los ventiladores son equipos de una finalidad específica, con piezas y componentes muy concretos que varían de marca y modelo”, refiere Charles Martínez. Sin embargo, eso no los ha detenido: “Hacemos adaptaciones que, sin violar la seguridad del paciente, nos permita ponerlos a funcionar. Algo parecido concebimos con las bombas de infusión, mientras esperamos por la llegada de más circuitos de pacientes, que es la parte que conecta directamente al enfermo con el ventilador”.

La tarea adquiere más complejidad sabiendo que los electromédicos toman parte en la preparación del hospital Guillermo Domínguez, como instalación antiepidémica frente a la COVID-19. El empeño, necesario para poner en condiciones al territorio de afrontar situaciones más extremas y aliviar a otros que ya las sufren, les añade no solo el cometido de asegurar el adecuado funcionamiento de los equipos colocados en las salas para los positivos a SARS-CoV-2, sino también garantizar la puesta en marcha segura de las salas de otros servicios que están siendo trasladadas a distintos inmuebles. Eso sin dejar de cumplir las medidas de distanciamiento saludable establecidas.

“Los técnicos no tienen que permanecer todo el tiempo aquí en el centro, expone Charles Martínez, sino que se mantienen localizables y se mueven hacia los lugares que son necesarios, solo están permanentes los ubicados en los hospitales. Desde aquí coordinamos las órdenes de trabajo y les aseguramos lo que dispongamos en el almacén”.  

“Paralelamente, proseguimos prestando otros servicios porque el Sistema de Salud no se ha detenido”, comenta el subdirector Ferrera Núñez. Así ocurre con la reparación de los aparatos relacionados con la campaña antivectorial y las hemodiálisis, a lo que se añaden los ventiladores de las ambulancias de Cuidados Intensivos y los reguladores de oxígeno de pacientes encamados en sus hogares.

COMO EN GIRÓN

“Estamos intentando recuperar un Servo ventilador marca Siemens modelo Servo 900; son más viejos, pero estamos intentando trabajar en ellos a ver qué se puede hacer. Pero esto será otra historia”, dice Eduardo antes de despedirse. Entonces uno no puede dejar de pensar en que años atrás, abandonar el avión no era una opción para los pilotos de la Fuerza Aérea Revolucionaria que combatían en desventaja numérica frente a los aviones mercenarios.

Hoy, entre los técnicos cubanos de Electromedicina, como Eduardo, es similar la determinación de salvar hasta el último de los equipos disponibles. Sencillamente porque, como las aeronaves sobre los cielos de Playa Girón, no hay otros para reponerlos y de echarlos a andar de nuevo depende la vida de muchos.