Aniuvis

Las Tunas.- Aniuvis Avilés tiene 21 años y un pavor confeso a las agujas. Por eso tiembla tanto, la delatan sus manos inquietas, mientras se alista a la que es su primera donación de sangre.

Todo sucede en la sede de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en Las Tunas. Porque allí acudió ella como parte de una convocatoria especial de esa organización de masas, para dar su aporte en función de la lucha contra la Covid-19.

Se acerca el Día Internacional de los Trabajadores y alrededor nuestro muchos celebran, nasobuco mediante, que estemos aquí, dando guerra a esta pandemia con trabajo y ardor.

La música se escucha hasta la esquina misma por amplios parlantes, que lo mismo difunden un tema de Habana de Primera que la conferencia de prensa de las 11:00 am, “para que los que están por necesidad en la calle, se sientan informados”, nos dijeron al llegar.

Esperamos que acabe el último acorde para seguir el diálogo. Solo entonces, cuenta: “Nunca antes he donado, pero es la posibilidad de brindar mi granito de arena en todo este esfuerzo que está haciendo el país. Hay que crecerse. No podemos dejar que el miedo nos haga quedarnos a un lado”.

A pesar del nasobuco me atrevo a dar fe de su sonrisa. Lo descubro a través de sus ojos vivísimos y el “vamos a ver cómo sale esto”, la frase que escoge para espantar los sustos.

Al rato supe entonces que es secretaria, estudia Licenciatura en Derecho en la modalidad de curso por encuentro y quiere que esta sea la primera de muchas otras veces.

Es una muchacha sencilla pero, a todas luces, determinada. Lo dijo sin necesidad de muchas palabras. Con gente como ella, yo lo sé, logramos aplanar la curva y dar la vuelta a esta triste pesadilla.