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Las Tunas.- De las muchas experiencias vividas en Crema, Italia, como parte de la Brigada Henry Reeve, Eduardo Brito Pérez, de Las Tunas, guarda numerosas fotos. Las volverá a mirar una y otra vez en el viaje de regreso a la Patria, durante el aislamiento que debe seguir en La Habana, cuando pasen los años, cuando su familia y amigos le pregunten y quieran detalles, cuando sus hijos deseen compartir el orgullo por su padre. Pero las memorias más hondas no caben en una imagen.

Aquellos últimos días de marzo, ni el idioma diferente, ni el frío que sintió al llegar a Europa fue lo que más impactó en el alma de este enfermero de la sala de Hemodiálisis del hospital Ernesto Guevara de la Serna, de la ciudad capital. Ya no va a olvidar la cantidad de pacientes enfermos por la Covid-19; las salas llenas, los pasillos con camas… Por todas partes de la instalación sanitaria a donde llegaron al principio, había personas con dificultad para respirar, con fiebre o con cualquier otro síntoma causado por el SARS-CoV-2.

enefermero tunero11Recuerda, en particular, el caso de una señora que ya se está rehabilitando. “Nos escribió para agradecernos”, me cuenta vía Messenger. “Ella no podía ni caminar, ni ir al baño por la falta de aire. La remitieron para el hospital de cubanos, como lo identificaban. En la carta lo expresa así: '... entré y me recibieron unos ángeles que me decían pasa, te vas a salvar y eso eran ellos, los cubanos… todo me lo hacían y me enseñaron a caminar después de tantos años'. Fue muy triste porque ella había perdido al esposo y a un hijo por la Covid-19”.

Mientras conversamos, los miembros de la brigada ya estaban en cuarentena previa al viaje de retorno al país; algunos hacían ejercicios, otros alistaban la maleta, la mayoría conversaba con familiares, amigos y autoridades de Salud que los llamaban para saber de ellos. También bromeaban entre sí, “ya sabes cómo es el cubano y sus ocurrencias”, aclara Eduardo.

Le pregunto si se conocían de antes. Me responde que muchos estuvieron librando la epidemia por el virus del ébola en África occidental en el 2014. Y se hace inevitable la comparación. “Esta misión es muy riesgosa por el poder de contagio del nuevo coronavirus. Pero, la del ébola tenía muy alta la letalidad. Lo que aprendimos allá nos fue útil, sobre todo, para la organización del trabajo”.

Las sirenas constantes de las ambulancias y el número tan grande de enfermos marcaron la llegada de los profesionales cubanos. En esos momentos, Lombardía, región a la cual pertenece Crema, se había convertido en epicentro de la pandemia en Italia. Solo héroes -aunque ellos no se reconozcan como tal- podían asumir un panorama de esa magnitud, con entereza, preparación y un altruismo incomparables.

“Los pacientes estaban ahí esperando por nosotros. La situación era grave en las instalaciones de la ciudad, no daba para más. Nos llamaron y enseñaron los pasillos llenos de camas. Los militares trabajaban en la construcción del hospital de campaña aceleradamente. Solo 24 horas y ya empezamos. En zona roja todo el tiempo”.

A los 54 años de edad, Eduardo hace de la bondad su día a día. De los inicios en Urgencias del “Guevara”, luego Cuidados Intensivos, llegó a los servicios de Hemodiálisis. “Allí es como estar en familia con los pacientes, porque vienen tres veces a la semana y uno se compenetra mucho. Siempre estás pensando en ellos, es una vida difícil la que llevan y quieres que la pasen bien, por lo menos las horas que están en el hospital”.

Además del combate de las epidemias de ébola y Covid-19, ya Eduardo había enfrentado escenarios difíciles en otros países. Se alejó de Natacha, su esposa, enfermera del policlínico Guillermo Tejas, y de sus hijos, para ayudar a otros. Había entregado lo mejor de su trabajo en Haití y Ecuador.

Las fotos del acto de despedida y de homenaje a la brigada médica en Crema llenaron las redes sociales. Emociona una y otra vez ver a las personas mientras los saludan a su paso y gritan “grazie”. El agradecimiento de los habitantes de la ciudad y de las autoridades quedó traducido en aplausos, porque como dijera la alcaldesa, con ellos fue mucho más fácil. Entre aquellos hombres con pulóveres rojos con la inscripción Me dicen Cuba, también había uno de los buenos hijos de Las Tunas. 

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