Maestro voluntario sanitario

Las Tunas.- Con un carrito en el que transportaba la comida de los niños sospechosos o confirmados con la Covid-19, así como de los médicos y enfermeras del Hospital Pediátrico de San Miguel del Padrón, “La Balear”, en La Habana, fue captado por el lente del programa Naturaleza secreta de Cuba. El nasobuco, la bata y el gorro no permitían ver más que sus ojos, pero al enterarse de que se trataba de un maestro, el equipo no perdió la oportunidad de develar su rostro.

Así descubrimos a Humberto Almaguer Sánchez, profesor de Geografía que estuvo en la primera línea, en la de los valientes que cierran el cerco al virus. Nos cuenta que nació en Puerto Padre, pero reside en el poblado de Guaranal perteneciente a la localidad de 'Jesús Menéndez'. Allí transcurrió su vida profesional, hasta que en el 2013 es promovido por sus resultados como metodólogo de Geografía en la Dirección Nacional de Preuniversitario del Ministerio de Educación.

Humberto 1Este curso recibió la misión de dirigir el preuniversitario urbano Carlos Manuel Calcines Pérez en el municipio de San Miguel del Padrón. Cuando en el mes de marzo se suspende el curso escolar por el avance del SARS-CoV-2 en el país, decidió incorporarse al contingente de voluntarios que brinda su apoyo en las instituciones de Salud.

Allí, a pie de obra, estuvo del 6 al 20 de mayo, rodeado de historias que luego podrá transmitir a sus alumnos, porque en estos tiempos no hay mejor lección para el futuro que las de amor y solidaridad que han dado miles de cubanos, dentro y fuera de la Isla. Durante esas jornadas esa fue su escuela, con una rutina muy diferente a la de la tiza y los cuadernos, que se prolongaba por 14 horas diarias, en las que transportaba los alimentos desde la cocina-comedor hasta la puerta de las salas.

“Siempre cumplí con los protocolos establecidos y con las medidas de bioseguridad exigidas, como el uso permanente del nasobuco, el gorro, la bata y los guantes; más el lavado frecuente de las manos y la desinfección de las superficies con hipoclorito de sodio o solución alcohólica. El trabajo fue arduo porque  comenzábamos a las 7:00 de la mañana y culminábamos sobre las 9:00 de la noche”, me dice a través del chat.

“Nunca tuve contacto directo con los pacientes y sus familiares, pero no dejaba de saludarlos y transmitirles confianza desde la puerta, sobre todo, a los niños. La práctica diaria en la sala de enfermos era de mucha consagración, aunque no podía entrar ahí sé del humanismo y la profesionalidad del personal médico a cargo de la atención de los sospechosos y confirmados de la Covid-19”.

Como buen maestro, Humberto ha estado muy pendiente de lo que acontece en su institución educativa a través del teléfono y las redes sociales, nada le es ajeno y allí volverá orgulloso cuando todo pase, que espera sea pronto. “También he estado muy al tanto de las orientaciones emitidas por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, nuestra ministra de Educación y las conferencias de prensa ofrecidas por el doctor Francisco Durán”.

Desde hace 11 días se encuentra cumpliendo con las dos semanas de cuarentena reglamentadas y me confiesa que si lo necesitan nuevamente ahí estará sin dudarlo ni un segundo. Lo que más le impactó de su estancia en “La Balear”, fue que el Estado cubano, a pesar de la dura situación económica del país, destina muchos recursos humanos y materiales para la atención de los pacientes y sus familias, algo que pudo constatar en carne propia.

Dentro de poco Humberto volverá al preuniversitario, a preparar el reinicio del curso escolar. Luego de realizarse el PCR que confirmará que no es portador de la enfermedad, se reencontrará con sus colegas y juntos prepararán los nuevos materiales, según los ajustes curriculares que han debido hacerse a causa de la pandemia. Muchas clases le faltan aún por impartir a este joven maestro, con toda una vida profesional por delante, pero ninguna será tan vital, tan humana, como la que ha dado en estos días con su ejemplo.