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Las Tunas.- Una de las actividades del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) realizadas en saludo al Día del Amor y la Amistad fue una exposición de plantas ornamentales y algunos bonsáis disponibles para el público en el patio de dicha institución.

plantas uneac60451Según el tunero Wílner Rondón Peña, uno de los gestores de la iniciativa, se trata de plantas variadas, con predominio de las ornamentales y algunos bonsáis, específicamente de zarza, roble de costa, uva caleta, guana y ficus, este último con la singularidad de ser plantado en piedra (conocida popularmente como “diente de perro”).Él, desde hace 15 años se dedica al difícil “oficio” de sembrar y cuidar árboles en macetas y desde hace dos meses comparte más frecuente sus conocimientos  con el público, al ser uno de los trabajadores del Jardín Botánico Provincial. En la Uneac, además de la muestra, los interesados pudieron comprar algunas plantas, con precios de 1.00 a 30.00 CUC.
Sobre el arte del bonsái, uno de los más singulares del conjunto, Wílner comentó a 26 Digital que se realiza con mucha paciencia y esmero, en el que hay que conocer cada planta para ir modelando sus tallos y saber cuál es el momento exacto para la poda y el trasplante, teniendo en cuenta el clima de este Archipiélago.
Entre los estilos que defiende este horticultor se encuentran el Fukinagashi y el Bunjin. Por otro lado, a menudo selecciona para el cultivo especies insospechadas como el Guao, lo cual hace de él un experto en la materia.
“El reto de cada día es traer ese arte milenario a la contemporaneidad, crear un espacio de paz espiritual y transmitir su encanto a las personas, para que valoren cada vez más estas singulares obras, resultado de la labor conjunta entre la fauna y las manos del hombre”, afirmó Wílner.
Hace alrededor de dos mil años el arte del bonsái se originó en China y, poco a poco, este símbolo considerado allí "puente entre lo divino y lo humano"  fue ganando adeptos en todo el mundo. Cuba no es la excepción.
Durante siglos, la tenencia y el cuidado de estos pequeños arbustos estuvieron presentes solo en la vida de nobles y otras personas de la llamada alta sociedad. Según la tradición, quienes podían conservar un árbol en una maceta aseguraban con ello su boleto a la eternidad.

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