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Las Tunas.- Hace casi un año la compañía de teatro infantil La Colmenita recorrió los municipios tuneros dejando a su paso un enjambre de emociones. Por estos días repican sus huellas en la memoria, pues esta especie de escuela de arte y buenos valores arribó a su 30 cumpleaños.

Recuerdo las palabras de Carlos Alberto Cremata (Tim), al preguntarle sobre el significado de ese colectivo para él. Con su respuesta el pecho se llenó de campanas: “Desde que apareció en mi vida solo he hecho lo que aprendí de Fidel, Martí y de mi papá, quien murió en el sabotaje al avión de Barbados: multiplicar el amor, nunca el odio. Me rodeé de niños y con ellos encontré el mejor aliciente. Siento una felicidad enorme. Se convirtieron en el sentido de mi vida y, como su guía, tengo la suerte de no crecer, hasta se me olvidó la edad biológica”, dijo ese día a mediados de abril.

La primavera llenaba el Balcón de Oriente y las mieles de la tropa de Tim llegaron para regar con alegría y mensajes dorados cada rincón de esta tierra, especialmente aquellos lugares alejados de la geografía citadina porque, según expresó el líder: “La verdadera cultura es la que nace en la tierra, hay que ir a los parajes intrincados, compartir con los campesinos y aprender de su sabiduría. Es allí donde encontramos esas expresiones de asombro, los ojos medio aguados que lo dicen todo y que son el aplauso más grande que existe”.

Con su alma de Peter Pan el director nos conmueve. Su modestia y la de sus pequeños vislumbran no solo grandeza, sino la esencia del arte. Los acompaña la premisa martiana “Tener talento es tener buen corazón”, no puede ser de otra manera. Por eso, como les dijo en versos el poeta Guillermo Castillo en “Jesús Menéndez”: “lavan con una Colmena/ el Alma de cada Niño”.

Como era de esperarse entonces, todos los municipios de la provincia se contagiaron con su talento y sensibilidad. Desde la primera actuación aquí, ocurrida en el Cine-Teatro de Manatí, los tuneros disfrutaron de presentaciones de lujo, en las que la música cubana, el humor criollo, la poesía, los sentimientos y el baile, junto a la ternura infantil, crearon estampas inolvidables. En Amancio –continúo la evocación- se llenaron las gradas del estadio Gilberto Ferrales.

Las obras Ricitos Valdés, Los tres ositos y la Música cubana, y Otra vez con el cuento de la cucarachita acompañaron su periplo por esta tierra. Pero lo más importante, a mi modo de ver, es el mensaje positivo que transmitieron, eso que no se borra de mi mente aunque haya pasado casi un año y que bien resumió a 26 Digital Emily Hernández Domínguez, ganadora del programa La Colmena TV:

“No olviden que lo mejor es ser uno mismo. Cuando pasen los años y vean las fotos o videos de nuestras actuaciones digan: yo vi a esos niños que con valores como la humildad nos llenaron como un huracán de miel y nos hicieron mejores personas”.

Qué orgullo sentiría el Maestro de hallarse frente a ellos. No solo por saberse sus más de 200 Versos Sencillos, sino por llevar sus enseñanzas como morral a cuestas por Cuba y el mundo.

Por eso, como afirmó Ernesto Parra, director del multipremiado grupo local Teatro Tuyo, más que una compañía de teatro, son el espacio necesario que deberíamos crear todos. Yo siento mías sus palabras y esos versos del maestro Castillo que expresan: “Toda la gloria del mundo/ tiene forma de Colmena”. ¡Felices 30, Colmenita, que su luz siga alumbrando el alma de Cuba!

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