danaisa rojas

Las Tunas.- ¿Puede el arte trastocar los espacios oscuros? ¿Sembrar una luz? ¿Florecer en las tinieblas? Sí, puede. La escritora Danaisa Rojas Ochoa así lo demuestra. Desde su universo carente de colores irradia el mundo. Tal parece que no conoce imposibles, pues ser invidente no es motivo para apagar el candil que ilumina sus ojos, en tanto le brotan versos como este: La lluvia es un ala rota/ en el cristal de mi mano…

Al conversar con ella se descubren nuevos horizontes y una siente que la vida adquiere otros matices. No solo porque dirige en la provincia la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (ANCI), sino por la policromía que proyecta en su andar y en quienes la rodean.

“Muchos se preguntan cómo alguien ciego puede escribir con tantas imágenes, eso es muy curioso porque, a pesar del paso del tiempo, mi cerebro no ha borrado las representaciones visuales”, narra la integrante del Grupo Iberoamericano Amigos de la Décima Espinel-Cucalambé.

“En mi memoria están, por ejemplo, el mar y los jardines de las casas que he habitado. Viví en Puerto Padre casi hasta los 40 años de edad, rodeada de un ambiente saludable que, sin dudas, influyó en mi poesía. Mi madre tenía sembradas en el patio flores de lirios y margaritas. La ventana de mi cuarto colindaba con ese entorno, mientras escuchaba el sonido del mar. De ahí nacieron disímiles poemas. Ayer recogía margaritas que parecían blancas sobre mi pecho./ Las hice tan mías que no importó la asfixia ni el color en la raíz de mis uñas…".

Avanza el diálogo y sus pupilas vuelan al pasado. Yo intento hilvanar las emociones que despierta su voz. “Desde adolescente me gustaba escribir cosas que no le enseñaba a nadie. Un día me decidí y presenté un poema en el Encuentro Municipal de Talleres Literarios. Era Paisaje interior que, aunque necesitaba mejorar cuestiones técnicas que aún desconocía, obtuve premio a nivel provincial. Después tuve la suerte de que la escritora María Liliana Celorrio, quien empezó de activista en la Asociación, me enseñara lo que necesitaba para perfeccionar mi obra. Así di los primeros pasos en las letras”.

Danaisa pertenece al taller literario Con tus ojos míos, de la ANCI, y ha obtenido múltiples lauros de la manifestación en concursos como Todo lo que Necesitas es Amor y el “Miguel Bruzón”. Además, tiene publicado por la editorial Sanlope los poemarios Vigas del invierno (2003) y Carne de luz (2006). Y aparece en algunas antologías, entre ellas, Confesiones de Circe.

“Las palabras me ayudan a mover el entorno a mi manera. Con una buena comunicación mantengo vivas las imágenes y me entiendo mejor con otras personas. También me gusta establecer la diferencia entre la lectura de textos y la declamación. De hecho, he intervenido en encuentros nacionales de teatro.

“Dentro de mis referentes literarios predominan Dulce María Loynaz y Carilda Oliver. Aunque parezca paradoja (se trata de poetisas con estilos diferentes), me gusta lo tierno de una y lo atrevido de la otra. Sus huellas están en poemas como Festín de mí: Amor, no busques el mantel,/ la mesa está servida./ Puedes morder,/ que el jugo de la uva correrá embravecido por los labios…

“Se me conoce como decimista, pero considero que mi fuerte es el verso libre, porque esta estrofa me permite desarrollar más las ideas y los recursos literarios.
Prefiero escribir sobre el amor, los sueños y las cuestiones del escenario hogareño. He aprendido de memoria mis textos pues, por más ágil y hábil que una sea, en el Sistema Braille, no es lo mismo”, agrega la también miembro del Grupo Nacional de Mujeres Decimistas, que preside Odalys Leyva Rosabal.

Este ser-manantial ha participado en varios eventos dentro y fuera de Las Tunas. Ha sido agasajada en citas nacionales de talleres literarios; ha obtenido el Premio de la Popularidad en los Juegos Florales, con sede en Matanzas, y tiene inédito el cuaderno De ala dulce y homicida.

Mientras las horas pasan por el iris de sus ojos, imagino lo difícil de aprender a mirar con los dedos, cuando de repente el cosmos de colores que conocías desaparece y todo queda como la noche. Y es que ella no siempre fue ciega, pero prefiero no hablar del momento en que todo cambió.

Con su perspicacia y transparencia parece adivinar mi “temor” y rápidamente se adelanta: “Tener una discapacidad no quiere decir que se acabó el mundo, sino que empieza a vivirse de una manera diferente. A mí, al igual que les sucede a las demás madres ciegas, me tocó realizar una educación muy distinta a las de las otras mujeres. Nuestros hijos cuando son pequeños tienen que aprender, por ejemplo, que no deben dejar los juguetes regados porque mamá se puede caer, no solo para que estén organizados. Las personas con discapacidad nos desdoblamos en muchas esferas y somos útiles”, expresa. Luego me habla de lo orgullosa que está de su hijo Iván Ramón, quien ya es un joven.

“Siempre he sido alguien que no le ha tenido miedo a la vida. Desde el 2006 dirijo la ANCI en el territorio, con alrededor de mil 900 miembros. Ha sido fabuloso. La parte difícil es la administrativa, pero es hermoso realizar labores socioculturales y comunitarias; trabajar con las nuevas generaciones para lograr su inclusión; accionar con los adultos mayores e impulsar nuestro movimiento de artistas aficionados en todas las manifestaciones. Entre los que sobresalen en ello, está el grupo de narración oral Portus Palabra, radicado en la Villa Azul”.

Me despido con ganas de conversar más, pero el trabajo la llama. La veo firmar con sus manos unos documentos, solo con indicarle el lugar. Aún al final de la entrevista no deja de sorprenderme. “Si volviera a ver me gustaría estar junto al mar frente a un arcoíris”, me dice. Entonces, por fin entiendo la magia escondida detrás de su talento y esa regleta de escribir en tinta indeleble: los ojos del alma.

Comentarios   

# lisbán 10-03-2020 13:04
excelente entrevista, felicidades y un orgullo conocerla
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# La periodista 04-06-2020 16:32
Gracias, ella se lo merece
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# Guest 10-03-2020 19:38
Que lindo todo...
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# Periodista 04-06-2020 16:32
Gracias, ella es un ejemplo a seguir.
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