Petit dance

Las Tunas.- Es primavera y un enemigo biológico, por momentos "invisible", merodea nuestra Isla y buena parte del mundo. No son tiempos de celebraciones, pero Semana Santa guarda un significado especial para sus cultores, aunque por ahora la algarabía duerma bajo la campana del pecho hasta nuevo aviso.

Cuando la pandemia saque sus garras de esta tierra sobrarán las razones para festejar y una de ellas será -aunque hayan pasado unos días- el cumpleaños 95 del grupo músico-danzario Petit Dancé, que se cumple este primero de abril. Por la lógica de las circunstancias, tuvo que ser pospuesto el homenaje que varias instituciones culturales le tenían previsto.

Pero ya llegará la hora de hacer sonar el bambú o baksin, las panderetas, el trian… Volverá el Gagá (carnaval de unos cinco días) a encender los corazones y la danza de igual nombre provocará movimientos rítmicos en sus ejecutantes. Volveremos a ver los bailes-malabares con machetes, mesas cargadas de vasos y las banderas de color rojo, blanco y negro.

También regresarán los recorridos por los barrios cercanos a la ciudad para agradecer a sus dioses. La casa de Titina será otra vez hervidero de cantos y brindis; recordarán temas antiguos; comerán dulces, pescado…, y beberán liké, una bebida hecha a base de azúcar, alcohol, quimbombó, anís y colorante.

Ahora -repito- tocó esperar. Pero en la memoria de los tuneros danza el legendario conjunto, que tanto ha defendido el patrimonio inmaterial de la provincia, al ser un fiel conservador de las tradiciones franco-haitianas, esa semilla que plantó Marina Sandi Nagó, quien en 1925 fundó La Fle (La Flor).

Ella tocó tierra cubana años antes, dejando su natal Okay, al sur de Haití. Se asentó en Meriño, batey perteneciente al central Manatí y, poco a poco, transmitió a sus descendientes las costumbres y conocimientos del vodú. Al morir en 1960, Silvia Hilmo (Titina) siguió sus pasos, pero no fue hasta 1977 que la agrupación adopta el nombre actual, que significa pequeña danza, todo un referente de la cultura haitiana en Cuba. Después Martha (hija de Titina) continuaría…

No es de extrañar que varios reconocimientos acompañen su camino, entre ellos la Réplica del Machete del Mayor General Vicente García González (máxima distinción que otorga el Gobierno en Las Tunas), el Tarro de Fuego (que entrega el Festival del Caribe) y el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, además del Memoria Viva.

Los haitianos y otros emigrantes, junto a cubanos y más etnias, protagonizaron el proceso de transculturación y, sin dudas, su arraigo se ha sentido con creces en esta parte del país. Todavía late ese pasado en el que las celebraciones de Semana Santa (conmemora pasión, muerte y resurrección de Jesús) nacieron en parte de la necesidad espiritual de contrarrestar las explotaciones y el desaliento que producía la colonia, quizás sin sospechar que conservaban así un valioso legado.

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