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Las Tunas.- Ejercer la crítica de arte es un acto de valentía. Dejarte llevar por la pasión y las emociones sin obviar la parte objetiva, contextual y evolutiva de la obra y encima, sintetizar de forma amena las valoraciones no puede ser tarea fácil.

Iris Cruz Núñez es una de los más relevantes críticos de arte de Las Tunas. Graduada de Historia del Arte en 1993 y miembro de la Uneac. Desde el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), centro en el que permanece después de 28 años, ha estudiado y comprendido los entresijos del mercado del arte. Su agudeza perceptiva le ha permitido no solo acompañar el quehacer de varios artistas tuneros, sino también impulsar con su verbo el desarrollo de las artes plásticas en este terruño. Porque quien aprecia, analiza y juzga con conocimiento, seriedad y justeza, también construye.

Para mí, que he decidido aventurarme en el espinoso mundo de la crítica artística, más por convicción que por dádivas, esta entrevista ha sido una revelación. Un incentivo. Una clase de historia del arte tunero. Pero, sobre todo, ha sido la comprobación de que con sacrificio, estudio y sensibilidad, no hay análisis artístico que se resista ni propósito que no se alcance. Gracias Iris por dignificar el oficio.

Eres licenciada en Historia del Arte y esa formación te da las herramientas necesarias para ejercer la crítica de arte. ¿Cuándo empiezas directamente en el mundo de la crítica? ¿Cuáles consideras son las herramientas o requisitos que se necesita para realizar el ejercicio crítico?

Estudié Historia del Arte en Santiago de Cuba, entré en 1988 y terminé en 1993. Mi tesis de graduación fue sobre la artesanía, hice estudios que aún los recuerdo con mucho romanticismo. Pero el primer enfrentamiento con la crítica de arte en realidad la tuve con un ejercicio de curaduría, si mal no recuerdo en tercer año, impartido por Yolanda Wood. Organicé una exposición en la galería Oriente de Santiago de Cuba con la obra de Lawrence Zúñiga, un artista naif. Por primera vez escribí las palabras al catálogo, lo diseñé e hice una maqueta del mismo. El resultado me encantó. Ni siquiera podía contar con fotografías, todo era muy rudimentario.

No fui una alumna aventajada, pero fui disciplinada, perseverante y sacrificada. En el proceso de acercamiento al FCBC en la búsqueda de información para la tesis, participé en algunas actividades y de ahí salió la primera crítica que ya no recuerdo, la publicaron en el periódico 26 y en ella me refería a como hacían más promoción a la gastronomía que al arte.

Una vez graduada empecé a trabajar en el FCBC y gracias a su director Daniel Hornia que me cedió dos pequeñas salas para realizar exposiciones, empecé entonces con la curaduría. Me inicié con una expo personal de Eliade Ávalo Rosales, seguida de unas de Rogelio Ricardo Fuentes, Alexis Roselló Labrada, y así llegaron muchas más. Cada muestra estaba acompañada por actividades en el patio de esa sede.

A lo largo de la carrera te enseñan a analizar las obras de arte, a estudiar sus características, eso te da herramientas para saber los elementos básicos de todas las artes y te ayuda a perfilar un rumbo hacia la manifestación que prefieres. Pero la crítica tiene que ver más con sensibilidad por la escritura que con lo aprendido en la misma carrera. No creo tener dones de escritora, pero me es mucho más fácil expresarme por la escritura que cualquier otro modo, incluso soy tímida y tengo miedo escénico. Por otro lado, este tipo de análisis requiere un bagaje cultural que no tuve en mi niñez y mi juventud y que he debido afianzar más en el desarrollo de mi profesión.

Yo comencé haciéndolo por pasión y por atrevimiento, para darles a los demás un elemento que yo quizás vea con más claridad, y ahí entra entonces tu propio estilo. No me gusta hablar mucho. Sintetizo la idea, la poetizo un poco y doy mi visión. Otros me han llamado crítico de arte. Lo agradezco de antemano y siempre. La crítica de arte es sensibilidad, conocimiento y deseo de enseñar. Es un medio de educar. Un oficio que necesita de análisis lógico y justo, de mucho valor porque no siempre puedes decir solo lo bueno y debes enfrentar y sustentar tus criterios. Y muchas veces el análisis es a la obra de los amigos. Yo respeto a todos los colegas que la ejercen, incito a muchos con sensibilidad y herramientas a que la realicen, todos tenemos nuestros métodos para ejercer la crítica de arte. Por ejemplo yo y según Yamel Meneses, escribo con la pasión, de a golpe, en un instante, y después me es difícil deshacerme de esa visión. Esa parte se la dejo a Carlos Tamayo que me ha conducido con seguridad, a Yamel Meneses con ortografía y redacción impecable y a los editores.

¿Cuáles son los espacios o soportes institucionales donde se ejerce la crítica artística en Las Tunas? ¿Te parecen suficientes y funcionales?

El que escribe siente devoción por la letra impresa, ver un trabajo en blanco y negro da una alegría infinita. Las Tunas de mis inicios, contó con algunas publicaciones, la revista Quehacer que años antes se fundó como suplemento cultural del periódico 26 a instancias de Carlos Tamayo como jefe de Redacción de ese órgano de prensa. Ese suplemento pasó a formato plegable, ya como publicación del Centro del Libro y la Literatura en este formato publiqué mis primeras letras. A mediado de la década de los 90, por solicitud de los interesados y con el auspicio de la Dirección Provincial de Cultura y la Uneac, el Centro del Libro inició una serie de la revista Quehacer con páginas centrales en hojas cromadas para la promoción de las artes plásticas. En ese periodo fui del Consejo Editorial e hice mis más queridas reseñas.

Luego decayó y sus ejemplares en impresiones con sistema elemental no daban la magnitud y belleza del arte. Y más tarde desapareció Quehacer. Sobre ella tengo un trabajo Revista Quehacer en tres tiempos.

En la década del 2000 al 2010 y tras años de cooperación, el periodista Leonardo Mastrapa me publicó mis trabajos como parte de la sección cultural, esa modalidad me puso muchas metas, porque debía ir a la síntesis como me gusta y a la vez tenía que respetar a los profesionales de la prensa que tan bien ejercen su profesión. Una época muy bonita porque todo eso de la crítica artística es por pasión, no es un trabajo remunerado. Lo hago por puro placer. La profesión que me da el sustento es allí en ese FCBC, donde me han apoyado increíblemente y el cual me ha servido como un mirador del arte. Junto a esos dos medios oficiales, Quehacer y 26, han surgido medios alternativos que han ido evolucionando. Catálogos impresos en mimeógrafos, silk screen, en máquinas de escribir, en impresoras de todo tipo más o menos glamurosos. Ahora y hace unos años contamos con redes sociales y publicaciones digitales, que si bien son vistas por millones de personas no sobreviven en el tiempo.

¿Cómo favorece la Uneac la concreción de estos espacios?

La Uneac busca alternativas para las publicaciones, sobre todo, para la obra de los escritores. Nos facilita sus sitios digitales, espacios de tertulias y el catálogo que usualmente acompaña una expo. A esto se ha sumado el FCBC con un ímpetu colaborativo en la promoción del arte. A través del Fondo he publicado en la revista Pautas.

¿En qué manifestaciones o temas se siente Iris más cómoda escribiendo?

Siempre he sentido un sentimiento raro al pertenecer, por determinación de no sé cuál reglamento, a la filial de las Artes Plásticas. Si bien Artes Plásticas es la manifestación de preferencia, por la empatía que se establece con los creadores y sus obras, la carrera prepara para analizar cualquier expresión artística. Me gusta ver el espectáculo en sí, no solo la pintura, la escultura o el dibujo enmarcados.

Me complementa mucho ver lo que hace el artista, cómo y dónde lo hace y qué sintió en esa transición, ahí está la magia del arte como expresión más compleja. Entre tú y yo, escribo sobre lo que quiero, no tengo compromisos con nada ni nadie. Aunque sé los límites.

En la actualidad nuestro trabajo va a las redes sociales, con nuestros propios recursos y con nuestras propias armas. En las redes trato de formar, despertar sensibilidad sobre cualquier hecho. Mi objetivo es que cualquier persona pueda hacer su apreciación, porque lo cierto es que todos nos formulamos una idea, y eso es parte de este mundo de la crítica. Al fin y al cabo lo importante no es publicar por publicar, sino hacerlo para formar públicos con un mejor gusto estético y eso se hace desde cualquier plataforma.

Hay un modo de inculcar la sensibilidad y todo lo que es afín a la crítica, y es la docencia. Pero mi timidez es mi gran frustración.

Tu labor como crítica ha acompañado una buena parte del desarrollo de las artes plásticas en la provincia, sobre todo, en estas dos primeras décadas del siglo. ¿Cómo valoras las artes plásticas en estos últimos años con respecto a lustros anteriores?

Siento que acompañé más a los artistas en la década del 90, en esa época era como si los tuviera para mí sola. Escribían sobre arte Leonardo Fuentes, Martínez Rueda, pero no había estudios específicos, esos vinieron con las exposiciones, con los currículos y con las promociones.

Tuve la suerte de analizar a todos los artistas de Las Tunas, sobre todo, a los nacidos después de la década de 1940. Esos que tuvieron la fortuna de ser parte del Sistema de Enseñanza Pofesional. Luego ellos retribuyeron con la formación de sucesivas generaciones. Así tuve la suerte de interactuar con Rafael Ferrero Lores y Armando Hechavarria Guerrero, que desarrollaron el diseño gráfico, esa modalidad de arte que por entonces resaltaba a través del cartel, murales pictóricos, la obra misma de una sociedad con un espíritu verdaderamente romántico. Esos mismos creadores que en los años 70 vincularon a Las Tunas con lo mejor de la escultura cubana.

Por otro lado, fue la época en que Rogelio Ricardo Fuentes, egresado de la Escuela de Arte de Holguín, llegaría a Las Tunas para fundar la Enseñanza Artística Profesional, pues antes hubo antecedentes, pero no es hasta mediado del 70 que se funda la Escuela Elemental de Arte. En años sucesivos el arte ya tenía un sustento, como sus pilares. Y ahí vino todo el movimiento y empuje de la escultura, la renovación de los 80 con el grupo La Campana, la fundación de todas las instituciones básicas, como museos, casa de cultura, galerías, librerías y otras al servicio de la cultura.

Pero el estudio de los procesos no puede ser un hecho aislado, deben enriquecerse día a día y hacerlo desde el complemento de otros investigadores. En el 2007, en el transcurso de la maestría, Liudmila Quiala Socarrás, compañera de estudio y mi amiga, demostró que antes del 1940 ya había artistas y arte en las Tunas. Con un estudio profundo y convincente demostró su hipótesis, ahí aprendí que la crítica de arte y la historia como la misma existencia no tienen lecturas absolutas.

Estas dos últimas décadas trajeron nuevos y buenos frutos, toda esa hornada de egresados de la Escuela Profesional de Arte de Las Tunas, de la Escuela Nacional y de otras provincias enriquecieron el panorama artístico a la vez que dejó de funcionar como movimiento artístico. Discursos que nutrieron las últimas captaciones como miembros de la Uneac: José Miguel Costa, Osmany Gonzalez, Rodney Gonzalez, Mohamed Roselló, Yamila Coma Vargas, Gipsy López, Jose Manuel Mayo, Ener Gallardo, Adolfo Aria, Lester Mc. Collin.

Mi desconocimiento de los sucesos artísticos y de sus creadores no los anulan, existen independientemente de que yo los apoye o no. Su existencia sí se refleja en la riqueza de las propuestas, en la revitalización de las instituciones, en la representatividad de su obra en espacios donde interactúa el arte. Y el hecho de que la Uneac y la AHS no crezcan con propuestas frescas, que el arte joven no llega con fuerza al mercado ni a los medios es un medidor de la desarticulación del medio.

El arte es reflejo del medio social y si el medio es inestable, desesperanzador, limitado en el discurso, pues el arte lo ha de reflejar. Ya no están organizados, la mayoría de los creadores hoy no interactúan, promueven su creación muy independiente y es muy difícil de constatar su alcance. Ahora hay muchos jóvenes talentosos, pero en tiempos y bajo circunstancias muy difíciles para la creación. No cuentan con la materia prima requerida, no están validados para el comercio de su obra, han de enfrentarse a una competencia casi desleal. Cada vez es menos la posibilidad de venta de la obra artística y cada vez el arte es menos contemplativo ante la realidad. Todos estos jóvenes con mucho dominio de las técnicas, traen conceptos renovadores, muchos graduados del ISA.

¿Algún proyecto curatorial o de otro tipo que estés preparando actualmente?

Te decía que soy de pasión, del instante. Todo esto está recogido en un proyecto de libro que ya ni miro, ya las fotos de soporte están obsoletas, y me da tedio leer o releer. No me gusta releer. Ese libro que tiene un primer capítulo de 1910 a 1940, por Liudmila Quiala y de 1940 hasta más contemporáneo es mi parte. Ya se ha ido desactualizando porque ninguna editorial asume una impresión tan compleja. Tramitamos con FCBC y aceptaron el proyecto, pero la pandemia nos puso de espalda todo tipo de planes.

Escribo un libro sobre mí, pero de eso no hablarás. Mi único plan y proyecto es estar bien y ser feliz sin renunciar a nada de lo que soy. Escribo para mí. Lo que me gusta y me hace bien y luego lo muestro, si creo que puede cultivar algún valor al menos en una persona.