Los finales de junio siempre son relevantes por estas tierras donde Rufina, su amorosa compañera, renace en el bailar de los bambúes que distinguen las praderas, en las que el poeta bucólico más connotado del siglo XIX vivió hasta los 29 años. En el ingenio familiar tejió la identidad cultural de la Isla e inmortalizó la décima.
Desde 1968 se reúnen aquí los amantes de la tradición, en un evento que puede calificarse como clásico dentro de la cultura cubana y, en el cual, Las Tunas viste de gala el recinto con un amplio programa de actividades propias de los colores y expresiones que El Cucalambé supo atrapar en sus versos, para muchos destinados más a ser entonados que escritos. Y se canta, baila y edulcora en el eterno parpadear del paisaje que inspiró al bardo.
No queda solo en los dominios campestres de los Nápoles Fajardo este jolgorio popular autóctono, cubanísimo y defensor a ultranza de los valores de la espinela y el criollismo literario nacional y local. La ciudad también es conquistada por los cultores, quienes comparten sus modos de hacer y decir en diversas instituciones. Esta edición 51 regala su homenaje al aniversario 40 del Sistema Nacional de Casas de Cultura y al punto cubano, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Convergencia, como la lírica enaltecida en Rumores del Hórmigo, el poemario que le atrajo admiradores de todo tipo. Natural, rupestre, amoroso... en "Hatuey y Guarina" con aquello de "oye el rumor de los vientos/ en los atejes erguidos/ oye muy fuertes crujidos/ de los cedros corpulentos: /oye los tristes acentos del guabairo en el corojo/ y mientras su acervo enojo/ reprime con gran valor, / siente a sus pies el rumor/ de las aguas del Cayojo".
Magia, que paisanos y visitantes disfrutan con la avidez de un guateque diseñado para atrapar, desde nuestras tradiciones, la poesía campesina, el folclor y la riqueza intrínseca en la oralidad y la escritura de la décima, un sentimiento vivo de generación en generación y que por suerte, unas veces más iluminadas que otras, las jornadas cucalambeanas mantienen.
Vuelven las estrellas a El Cornito. Esta ciudad es un ajiaco de Flores de Birama, punto guajiro, laúd, tres, controversias, catauros, repentismo, tonadas y retadoras improvisaciones, entre otras muchas maravillas que atizan el espíritu, en el retozo interminable de su "A Rufina. Invitación segunda":
..."Y en fin, cuando nos cansemos/ de tanto correr ufanos/ cantando versos cubanos/ a mi estancia volveremos. / Allí mil cosas haremos/ que quedarán inter-nos/ y descansando los dos/ sobre rústicos asientos, / bendeciremos contentos/ a nuestra Patria y a Dios".
Sea bienvenida siempre esta fiesta de guayaberas, entre bambúes, sombreros y décimas.


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