Martes, 10 Julio 2018 08:12

Carmen: salvada por la alegría (+video)

Escrito por Legna María Caballero Pérez (Estudiante de Periodismo)
Carmen: salvada por la alegría (+video) István Ojeda Bello

Las Tunas.- "Tú tienes que ganarle al tiempo, no él a ti", me dice mientras prepara el café. La mirada sensible, llena de cuentos y sueños, empapada de dulzura y humildad. La palabra es sincera, sabia y natural; le gusta cocinar, escuchar a Celina González y compartir con su gente. Así es Caridad del Carmen Ramírez Álvarez, la creadora del Proyecto Comunitario Raíces de San José.

“Yo nací en Jabané -me cuenta-, mi papá era machetero y mi mamá atendía la Federación de Mujeres Cubanas. Recuerdo que allá hacíamos carnavales rústicos y mi hermana y yo bailábamos en las carrozas.

"Me encantaba ese lugar porque había grupos musicales, los fines de semana mi papá jugaba pelota y nos llevaba al estadio, y en la escuela, cuando a los niños los suspendían por pediculosis, yo iba a sus casas, los curaba y llevaba para el aula. Cuando tenía 13 años nos mudamos para San José”.

Háblame un poco de tu adolescencia en este barrio.

“Cuando llegamos solo había 14 casas. Mi abuelo Antonio Álvarez vivía aquí desde 1953 y nosotros nos mudamos en el 73. Siempre me incliné por la cultura. Escuchaba las cucalambeanas por un radio que mi papá se había ganado en la zafra, pero él no nos dejaba estar despiertas hasta tarde; yo lloraba y le imploraba a mi mamá que me permitiera escuchar la radio.

“Quería ser artista por Celina, me encanta su música. A los 16 años recibí clases de solfeo en el patio de Blanca Becerra, pero como solo tenía un octavo grado no pude ir a estudiar música a Jiguaní. Después de casarme y tener a mi primera hija, bailé cuatro años en las carrozas. Eso me gustaba, me nacía y nada podía impedírmelo. Gracias a esta Revolución pude superarme y ya me ves..."

Y llegó a tu vida Raíces de San José...

“Un año atrás mi hija había muerto y estaba muy deprimida. Yo le había donado un riñón, que no le funcionó. Creía que me iba a morir, parecía que estaba encerrada; sentía que me tragaba el cielo, la tierra, todo se me unía y yo no lograba coger aire. Mi niña tenía 23 años cuando murió, fue el primer talento con el que trabajé, había ganado muchos premios y le gustaba enseñarme a cocinar. Antes de morir me dejó un mensaje bien bonito: Mami, no quiero que llores... Tienes que pensar positivo.

“Entonces había nacido en el barrio un pequeño que se llamaba Reynol Vicente, porque vino al mundo un 23 de enero, aniversario del natalicio del mayor general Vicente García González, hijo de una doctora que me ayudó mucho con el problema de mi hija.

“Cierta madrugada me puse a pensar que una forma de levantarme de aquella cama era hacer un espectáculo bien lindo para el niño de la doctora. Me levanté y me puse a escribir en una libreta. Hicimos un desfile grandísimo con el bebé y su mamá, los personajes de La Edad de Oro representados por los niños, el círculo de abuelos..., y todo se desarrolló en el portal de mi casa, que es como la casa de cultura del poblado.

“El movimiento fue creciendo y surgió el proyecto. El presidente del Consejo Popular me dijo: Tú eres promotora natural, tienes que ser la promotora cultural de esta comunidad, y pasé un curso en el Centro de Superación para la Cultura. Por un tiempo dejé de trabajar, pero luego murió mi hijo y murió Fidel, y ahí comencé a laborar de nuevo.

“Recuerdo que después del mes, llamé a la reflexión al pueblo de San José y les dije: ¿Me vieron triste? No, ¿verdad? Por las personas se hace en vida. Que les sirva de lección a todos. La alegría y la voluntad siempre me han salvado del dolor.

Cuando hablábamos por teléfono, comentabas acerca del Guateque de Antonio, que ya es tradición aquí.

“Al año de la fundación del proyecto, me pongo a conversar con mi abuelo Antonio. Me cuenta que tenía un grupo musical en el que tocaba el tres. Y compartió la anécdota de que había un señor llamado Gabino, que la mujer lo había traicionado. Otro hombre que le gustaban las maldades le propuso a mi abuelo: Si le haces una canción a Gabino, te compro una botella de ron. Entonces cogieron los instrumentos y le tocaron (canta): Pobre Gabino, no llores más, mira la novia se te corrió.

“Al escuchar esa historia me doy cuenta de que a él como a mí le gustaba la música campesina. Se me ocurrió que había que hacer algo para rescatar esos ritmos y los guateques. Entonces fundé el Guateque de Antonio”.

¿Cuál es tu fórmula para ganarle al tiempo?

“Mira, yo no tengo tiempo libre. Siempre estoy trabajando en proyectos, ensayando con los niños, cantando en el grupo Son del Alb; siempre haciendo algo. Porque cuando uno está deprimido, no hay mejor fórmula que buscar un nuevo motivo para estar alegre. Y, ¿qué mejor motivo que darles alegría a los demás?

“Cuando llegué hace 15 días al Hogar de Ancianos, porque estamos vinculados con el grupo musical Proyecto de Vida, encontré a un abuelo que canta en la agrupación, llorando con el médico. Le dije que los artistas no podían llorar, que ellos estaban para repartirle alegría al pueblo y él se bañó, fue a ensayar y cuando se presentó, impactó al público. Porque ver a ese señor de 92 años, en silla de ruedas, cantando La Guantanamera, da muchas ganas de vivir.

“Yo perdí dos hijos biológicos, pero me quedan los pequeños del proyecto que son también mis hijos. Cuando estoy sentada en el portal siempre viene un niño; cuando estoy comiendo, aparece alguien a darme una nueva idea; no puedo descansar, pero eso me gusta.

“Ahora quiero emplear mi tiempo libre preparándome bien en música y entrar en un taller de teatro en la Casa de Cultura, para hacer mejor mi trabajo.

“Levantarme más temprano, enfocarme en lo que voy a hacer, planificarme; mantenerme alegre, optimista; no realizar siempre lo mismo, romper con la monotonía, porque esta acaba con la vida. Estar aquí hoy, mañana allá; hoy con los niños, mañana con los ancianos... Hacer más cosas y hacerlas bien. Eso es lo que yo hago para ganarle al tiempo.

carmen san jose comunidad tunasAhora sí, hablemos del Premio.

“Nosotros nos inscribimos en el Concurso Nacional del Cieric (Centro de Intercambio y Referencia de Iniciativas Comunitarias) y competimos primero a nivel regional y luego, nacional. En la zona oriental, quedamos finalistas con reconocimiento especial y luego, en La Habana obtuvimos uno de los cinco premios.

“Para la evaluación del proyecto, realizamos una actividad en la escuela José Mastrapa. Participaron el Hogar de Ancianos, el programa Educa a tu Hijo, la Universidad de Las Tunas, la Casa Iberoamericana de la Décima, la Casa de Cultura, Cultura Municipal y la Uneac, representada por Carlos Tamayo.

“Ese día estaba allí con una exposición, Luisi, el niño que ha recorrido el país con el equipo de pelota, amigo de Yosvani Alarcón. María Eugenia, la directora del Proyecto Maravillas de la Infancia, de Matanzas, nos trajo un maletín de implementos deportivos para que conformáramos un equipo de pelota y otro de softbol. Lo hicimos y logramos romper la barrera entre los niños del lado de allá del canal y los de acá. Todos se mezclaron en el conjunto y vamos a competir a Matanzas.

“Allá, en la entrega del premio, pude conocer al héroe René González, uno de los Cinco, y me emocioné muchísimo. Mira, esta es mi foto con él... (la muestra).

Lea más: Los largos saltos de Carmen con Raíces de San José

¿Y el otro premio, el espiritual?

“El mayor beneficio que me ha traído este proyecto es tener mi corazón alegre. Nunca estoy sola, siempre ando rodeada de gente y de felicidad. Esa es la mayor riqueza que he obtenido.

“También les ha traído cosas buenas a los niños; les ha enseñado a ser alegres, humildes, sencillos y a no interesarse por lo material. Siempre les digo que hay personas con mucho por fuera y poco por dentro.

“Gracias a esta iniciativa, los infantes de aquí tienen algo en qué ocupar su tiempo libre. Así, en vez de andar en la calle en malos pasos, están ensayando. Raíces de San José también une a la familia. ¡Y si es cuando llega el carnaval!, fíjate que nos dicen la carroza de los muchos”.

¿Con qué sueña Carmen cuando está despierta?

“Yo sueño con transformar la comunidad. Quiero hacer un joven club, una escuela bien grande, un parque para los niños, usar el Círculo Social para la atención a los ancianos con juegos de mesa y un ranchón de guano para que sea un centro cultural. Mi sueño es la felicidad del poblado. Yo confío en la Revolución para que haga esas cosas. Con voluntad todo se puede”.

¿Pero no sueñas nada para ti?

“Para mí solo quiero salud. El mejor plato de comida es paz y tranquilidad. ¿Qué mayor regalo que todas las personas te quieran, cuiden y apoyen? Lo único seguro en esta vida es la muerte y cuando nos vamos, no nos llevamos nada, solo lo que uno ha vivido, la alegría que ha tenido y el bien que les ha hecho a los demás.

“¿Qué yo haría sentada en un portal abanicándome con mi mente vacía y mi corazón triste? Esa no soy yo. Yo soy la niña que creció en la sabana de Jabané corriendo, montando a caballos, jugando con todos. Porque para mí todo el mundo tiene el mismo valor, desde el más pequeño hasta el más grande. A donde he llegado, ha sido con la sencillez que nos caracteriza a nosotros, los de raíces campesinas”.

Imagina por un momento que San José es una persona, ¿cómo la describirías?

“A San José yo lo veo como un niño que crece. Un niño alegre, sencillo, humano, dinámico, que quiere brindar a los demás lo mejor de sí.

"Muchos dicen que yo estoy loca y me preguntan qué necesidad tengo de hacer todo esto y yo siempre les digo: sí, tengo la necesidad espiritual de estar alegre".

Cuando terminamos de hablar, parecía que Carmen había dejado de ser una guajirita en sepia hecha recuerdos, para ser una mujer salvada por la alegría, que hace de todos, su familia. Hada buena de San José, deberían llamarle, porque ella toma el dolor, le canta una canción de Celina, le recita unas décimas y se arma de voluntad para enfrentar el mundo y entregarles a todos, un poquito de su felicidad. Esa es su fórmula.

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