Puchi -como llaman al hacedor de este sueño- recrea cada parte del cuerpo en cuestión casi con el mismo celo con que nuestro Quijote guardaba sus tesoros, entiéndase papeles viejos, pedazos de lápices, madera... La boina, sus charreteras militares, la mirada perdida y el alma encontrada en quién sabe qué pensamiento son algunos de los elementos que descubre el artista de la plástica, oriundo del municipio de Majibacoa. Sin dudas, capta su psicología.
Velázquez esculpe a su coterráneo a tamaño real en la técnica de ferrocemento. Cada paso es recordatorio y desafío. Parece que el protagonista de la encomienda camina por su mente creadora como mismo lo hacía en zonas públicas. "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar", nos recuerda la aparente movilidad en la figura tridimensional de aquel hombre humilde, que respetó los símbolos patrios y fue amante de los buenos modales.
"Desde hace años tenía ese sueño. Le había tirado fotos en su casa sentado en un taburete y también en la calle, con la esperanza de algún día llevarlo a la escultura. Su muerte fue un impacto grande, pero entonces tuve la certeza de que con más razón debía realizar la obra para que las nuevas generaciones no lo olviden. Sus familiares han puesto a mi disposición su ropa, boina y maletín.
"Aunque su realización lleva algo de tiempo debido a la complejidad, le pongo todo mi empeño. Espero que guste cuando esté terminada y luego de emplazada, la gente la cuide", apuntó el artista.
El también pintor paisajista Ángel Luis Velázquez, aunque es empírico, tiene en su haber una decena de esculturas como las que se encuentran diseminadas por Majibacoa, y la Virgen de la Caridad en Barajagua, provincia de Holguín, pieza que forma parte de un trayecto declarado en el 2012 Monumento Nacional por el historiador Eusebio Leal.


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