"Cadáveres amados los que un día/ ensueños fuiste de la Patria mía", escribió José Martí en su poema A mis hermanos muertos el 27 de noviembre de 1871. Recuerdo esas palabras frente al largometraje Inocencia, del director cubano Alejandro Gil, que desde los principales cines de la provincia nos acerca por estos días al injusto fusilamiento en la Isla de ocho estudiantes de Medicina, a manos de autoridades coloniales españolas.
Periodísticamente, podría hablar de la novedad temática que vislumbra el filme, o del elenco de lujo con actores de la talla de Héctor Noas, Fernando Hechavarría y Caleb Casas, o del virtuosismo de la fotografía, el guion y la dirección; pero prefiero quedarme con la magia de transportarnos en el tiempo y sentir en la piel un capítulo que no debe olvidarse.
La cinta recoge dos narraciones en paralelo y es una verdadera clase de Historia. Por una parte, aborda el crimen y por otro, cómo Fermín Valdés Domínguez -personaje principal interpretado por Yasmany Guerrero- busca los cuerpos de sus amigos y compañeros de aula 16 años después del triste hecho.
Si usted aún no ha disfrutado de este regalo del Séptimo Arte, aconsejo que lo haga. Le aseguro que se conmoverá.






















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