La pieza Comer o no comer acoge las actuaciones de jóvenes como Pedro Pablo Facundo Zamora, próximo a graduarse con la interpretación del personaje protagónico Crestón (gallo).
"Soy instructor de arte de la modalidad de teatro, este espacio me ha permitido superarme y aprender más del trabajo con títeres. En este caso se trata de muñecos de madera, específicamente marotes con varillas, es un poco difícil, pero resulta mágico darles vida".
Por su parte, Yosvany Maceo, quien representa al antagónico Jíbaro (perro), es otro de los bisoños que el 26 de mayo pondrán talento y corazón en el escenario. "Curso mi cuarto año de actuación en la escuela profesional de arte Manuel Muñoz Cedeño, de Granma. Antes no me gustaba el títere, pero ahora lo adoro. Hay que trabajar mucho porque la manipulación es complicada, tu cuerpo se debe acostumbrar a ello, pero estoy satisfecho con los resultados.
"En el guiñol descubrí una familia. En esta obra en particular, además de trabajar con los títeres, los autores salen en escena, bailando y defendiendo lo tradicional. Mi personaje para entrar a la casa a comerse el gallo debe hacerse pasar por distintos personajes, es un reto para mí, pero es hermoso", afirmó el joven, quien estaba antes más acostumbrado al teatro dramático.
De la mano del director artístico Luis Ricardo Faura, ellos y otros como Frank Herrera Costa y Lisandra Rivero Mariño, hacen de cada día una clase en la sala Raúl Gómez García, sede del guiñol. Mientras tanto, Total Teatro, única compañía dramática de la provincia, también apoya la formación de futuros actores, una cantera que seguramente el público agradecerá.


Escriba su comentario
Post comentado como Invitado