Ángel Luis llegó por primera vez a la emisora sin tener muy claro qué pasaría con sus sueños. Era recién graduado de ingeniería informática, y había fabulado muchas cosas entorno a su ubicación laboral.
Pero nunca, ni por asomo, imaginó que la vida lo dejaría en un lugar en el que se hablaba de "audiencias", "pirámide invertida" y "tono medio y central" como el pan nuestro de cada día. Rodeado siempre de gente apurada, programas "en vivo" y dinámicas cotidianas febriles.
Muchas veces se preguntó ¿qué hago aquí?; y, me confiesa entre sonrisas, todavía se descubre cavilándolo. Sobre todo cuando el sol calienta, el salario se acaba y el transporte "se pone malo" para Majibacoa, su casa. A ese sitio llega 23 kilómetros después de salir del trabajo, en lo que aparece, para abrazar a su hija y enrolarse en el duro día a día de un padre joven, cubano, laborioso.
Al principio era solo "hacer fotos" y estudiar, estudiar mucho. Porque había que dominar la luz, aprender encuadres, asumir a la fotografía de prensa como arte y comunicación, sin excusa. Ahora está más en el camino, su pasión lo denuncia.
Y de eso va la expo. Recorriendo las fotografías que la conforman descubrimos cuánto ha crecido su trabajo. Nos permite una especie de observación a lo que es la agenda diaria de un medio de prensa y también al alma de este muchacho. Acérquese a la sensibilidad y las esperanzas de sus Miradas.


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