A Yuslenis Molina Rodríguez la conocía de vista, su persona se me fue haciendo familiar con los años, y con las coincidencias culturales que perfectamente planificó el destino: la conocí escritora, actriz, artesana, hasta que un día le escuché decir: "Ya no soy escritora, soy la mamá de David".
Entonces le seguí la pista, grabadora en mano, sin más preámbulos que las ansias periodísticas de narrar su historia.
Cuenta que con las letras empezó a los 7 años, cuando su maestra de cuarto grado en aquella escuelita en Omaja le pidió que escribiera un texto, y a ella le dio por hacer un cuento que se llamaba El rocío mágico, y aunque aquello nunca trascendió más allá de ser un ejercicio escolar, Yuslenis siguió creciendo hasta llegar a la adolescencia, y nunca se separó de la literatura.
"Allá por el 2000 llegué al Taller Literario El Cucalambé, en la casa de cultura Tomasa Varona, y creo que mi comenzar fue en serio, luego inicié mi labor allí mismo como especialista en Literatura y emprendí una vida bien activa y agitada, al tanto de aquellas cosas que me llenaban el espíritu".
Y entre comas me aclara que esto fue antes de David; " un concierto, un poema, un festival de rock o evento literario en cualquier provincia del país, no tenía tiempo para el descanso, me había entregado por completo al arte.
"Por aquellos años -2007- publiqué mi primer libro, Razón del labio, de décimas; y tres años más tarde nació Una nana para Vanier, de poesías para niños, ambos de la editorial provincial Sanlope".
Y dice que nació porque si hay una palabra que define la sensación de un artista cuando da a luz una obra, es esta, como un hijo que llega para dar alegrías y dolores de cabeza, pero que sin dudas te cambia la vida.
"Luego formé parte de muchas antologías, publiqué en la revista Quehacer, participé en muchos foros, en algunos gané premios y en otros no; pero lo más importante siempre fue compartir con otros autores"; y cuando menciona los galardones, apenas depara en el Premio Décima al Filo en el sexto Concurso Nacional Ala Décima (2006) y del Premio Ala Décima en el tercer concurso Décima al Filo (2007).
"Hasta que llegó el embarazo y todo cambió. Mis noches y madrugadas ahora son para él, aunque nunca he dejado de escribir y espero con ansias que me vuelvan a programar en las peñas literarias, o en la Jornada Cucalambeana, pues en todo este tiempo es como que soy una escritora ausente".
Lo cierto es que para las mujeres que trabajan en el mundo de la cultura, la maternidad implica alejarse un poco de esa vida agitada, a la cual corren el riesgo de no poder regresar cuando se combinan la falta de espacios y de voluntades, y Yuslenis es sin dudas una de esas que intentan luchar contra las musas con Licencia de Maternidad.
Por eso de las letras se fue a otros trabajos, a comercializar libros a un proyecto como El Manuscrito Perdido, y más recientemente a vender tacos mexicanos y malteadas en un negocio del sector no estatal.
"En el puesto de tacos nació Versos de lluvia para el rey, un libro que le escribí a David sobre sus miedos, porque a sus casi 4 años le teme a los árboles, a la oscuridad, y hasta hace muy poco a las inyecciones, lo escribí en dos días; y son décimas de romance que pueden convertirse en nanas.
"Espero la posibilidad de presentarlo ante un Consejo Editorial, pues aunque en estos años me he dedicado a estas labores que te conté, y a bordar, tejer, hacer artesanías, y más, todo para darle lo que David demanda, yo necesito escribir.
"La maternidad es algo tan maravilloso que todos los esfuerzos posibles valen la pena, y él es mi David, el grande, mi mayor motor para salir adelante, por eso mis próximos retos son materializar la publicación de Versos de lluvia para un rey, y lograr tener un puesto de venta de artículos y artesanías para el alma, en el que venda esos pequeños detalles hechos por mí misma, que aunque sean materiales, pueden alegrar y hasta cambiar la vida de alguien".
Hace solo unos días Yuslenis cumplió 39 años, conversar con ella es hacer un recorrido en panorámico por todas esas facetas en las que se ha convertido, antes y después de David, porque más que la madre, esta tunera se reinventa día tras día para seguir siendo esa escritora capaz de componer lo mismo una décima guajira, una nana, un cuento o un poema erótico, y así mismo la actriz, artesana, especialista en Literatura, y muchas otras más.






















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