Es lógico, sus manos han inmortalizado en forma tridimensional a ese ser meditabundo que desandaba nuestras calles vestido de verdeolivo, convirtiéndose en símbolo de la ciudad.
Yo, que fui testigo cercano de su aspiración aun cuando vivía el protagonista de esa encomienda, puedo dar fe de sus desvelos. Mi hijo todavía retozaba dentro del vientre cuando lo acompañé a su casa, cerca del Aeropuerto, para hacerle fotos pensando ya en la futura obra. Cómo íbamos a saber que moriría meses después de ese día, en que posó para nosotros sentado en un taburete.
"Desde que lo vi por primera vez me impactó su figura, además de su nobleza, él resumía la esencia del pueblo", apuntó el hacedor de este sueño.
Su muerte fue un duro golpe para el artista, oriundo de Majibacoa. "Luego de su fallecimiento el pasado año pude percibir un gran vacío en nuestras calles, se notaba su ausencia. Por eso, mi viejo anhelo de darle vida desde el arte cobró más sentido. Entonces fue cuando lo concebí a tamaño real en la técnica de ferrocemento", apuntó.
Velázquez no dejó de reconocer que valió la pena conocer en vida a aquel que inspiraría la escultura que hoy tanto alegra a los tuneros. Uno de esos transeúntes, que diariamente han llegado hasta la Oficina del Historiador de la ciudad (donde se esculpió la obra), resume el sentir de sus coterráneos: "Quizás yo no sepa mucho de arte, pero de lo que sí estoy seguro es de lo que significa para nosotros volver a ver a El Comandante".
Concuerdo con él, mas lo que muchos no saben son los sacrificios dejados a su paso para crear esta dádiva... Los momentos de impaciencia ante la espera en el proceso de secado, pues el cemento debía estar moldeable, ni más ni menos... Los almuerzos a deshoras porque cada fragmento necesitaba terminarse luego de haberse empezado... Los instantes que aun en casa, su mente trabajaba en posibles ideas para perfeccionar la pieza.
"Lo más difícil fue captar su psicología, aunque siempre estuve claro de que quería lograr mi propia interpretación del personaje. Dentro de los detalles de la obra la parte que más disfruté fue la elaboración de la camisa con sus bolsillos, llenos de objetos como peine, lapiceros y papeles, que guardaba como si fueran tesoros.
"De tanto tiempo junto a él lo siento como a un amigo. Sin embargo, considero que la obra no es mía solamente. Yo puse el empeño, pero muchas personas colaboraron de diferentes maneras. Más bien es una obra del pueblo".


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