Por estas tierras ofreció conversatorios y compartió con músicos locales. Aunque las generaciones más jóvenes conocen solo acordes de su obra, la de ella fue una apasionante historia de amor, con el hombre de su vida y con la música.
El esplendor de la Diva de la campiña -como se le conoció- siempre será recordado por las imágenes de programas de la Televisión Cubana como Palmas y Cañas. Allí solía actuar con una flor en la cabellera negra, vestida con los colores representativos del verde caimán y entonando, como nadie, aquellas estrofas: Yo soy el punto cubano/ que en la manigua vivía/ cuando el mambí se batía/ con el machete en la mano.
Celina junto a músicos tuneros.Según recoge la biografía escrita por Mireya Fanjul, a los 16 años Celina González se casó con el muchacho que la conquistó sin remedio.
Presumiblemente a caballo y por una ventana, como cuentan las buenas historias de romance del campo cubano, se escapó con Reutilio Domínguez. De un flechazo los unió el destino en uno de aquellos guateques a los que la llevaban Benita y Gregorio, sus padres, quienes eran cantores naturales.
Y, luego, en ceremonia sencilla en una notaría santiaguera, estampaban la firma que legalizaría su unión para hacer las cosas como eran debidas en la época.
"Río arriba" era el epíteto con que el esposo gustaba describir a su mujer. Y en solo dos palabras podría quedar la imagen de la tenacidad y el temperamento guerrero de Celina. En cada presentación contagiaba la pasión y la feminidad que imponía a la vida y a su obra.
Por razones muy bien guardadas, la pareja se rompió en la década del 60, después de 20 años de avatares y de una popularidad que los llevó a "tocar el cielo con las manos". Con la disolución amorosa, aquel dúo mítico de la matancera y el guantanamero quedaba solo en el recuerdo y en fonogramas, conservados como tesoros.
Celina también actuó en Las Tunas junto a El Jilguero de Cienfuegos.
Uno de los detalles más conocidos se relaciona con su composición a Changó. El 2 de noviembre de 1948 la pareja llegó a La Habana. En una de las noches siguientes Celina tuvo una visión. Se le apareció una imagen de Santa Bárbara, quien le pronosticó un triunfo artístico total si le dedicaba un canto de alabanza. Fue así como nació uno de los temas más exitosos del dúo: A Santa Bárbara, también conocido como ¡Qué viva Changó!
Lázaro Reutilio, uno de los cuatro hijos de ellos, acompañó musicalmente a Celina en la década del 80 y, con el éxito que conquistaron, resultó privilegio disfrutar de esta figura única. Hizo una última aparición pública en el 2011, cuando se presentó su biografía (editada por primera vez en el 2010). Con la partida física en el 2015, dejó un vacío entre los grandes de la música cubana. Ella fue una genuina criolla. La campiña fue su templo, su reino.





















Escriba su comentario
Post comentado como Invitado