La cita, entre el acercamiento a las composiciones literarias y el repentismo, estuvo matizada por el homenaje, además, a Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, en el 188 aniversario de su natalicio; al poeta Virgilio López Lemus y al investigador y catedrático de las Islas Canarias, Maximiano Trapero.
Uno de los momentos especiales estuvo a cargo de la máster en Ciencias y ávida estudiosa del autor de la Elegía de los zapaticos blancos, María Eugenia Azcuy Rodríguez, quien se adentró en la poesía de circunstancia del considerado mayor cultor de la estrofa nacional cubana en Iberoamérica, y en su capacidad para describir el día a día.
Fidel Antonio y Alba Orta Ruiz, dos de los hijos del bardo antillano, reverenciaron los períodos creativos en el trabajo de su padre, y cómo sus versos se convirtieron en el telescopio para inventarse un mundo más allá de la ceguera.
El Coloquio laboró en dos comisiones, una dedicada a la espinela escrita y la otra, con mira en la improvisada. En esta última se expusieron materiales audiovisuales sobre el repentismo y presentaron el libro Gran Diccionario Iberoamericano de Rimas.
Otras exposiciones ahondaron en diversas tradiciones, el alcance de la décima como símbolo de cubanía y su vínculo innegable con nuestras mejores herencias culturales.
El foro se prestigió con la presencia de López Lemus, gran estudioso del verso octosílabo, y de otros investigadores como Agustín Pérez, conocedor del legado campesino en la provincia de Mayabeque.
Fue acogido con beneplácito la presentación de la revista A las Raíces, del Consejo Nacional de Casas de Cultura, dedicada al aniversario 50 de la Jornada.
Fidel Antonio Orta Ruiz agradeció por el sincero homenaje a los versos del hombre que siempre fue de la mano de la Revolución, y puntualizó que en estos tiempos de "ismos" destructores, relatar la memoria viva del Indio Naborí, en suelo tunero, es una fortaleza y uno de los tantos aciertos de la Cucalambeana.
Mañana viernes el Coloquio tendrá sus dos sesiones finales. Algunos de los temas por debatir serán la historia de la espinela escrita en la Revolución, la relación de este molde poético con el aprendizaje de la lengua materna, el desarrollo de la artesanía en la niñez y la conservación del punto y la tonada en la fiesta patronal.


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