Quizás su principal mérito está en trazar un camino para niñas y niños, usualmente de zonas aisladas, que poseen aptitudes hacia determinadas manifestaciones.
Hasta allí llegan profesionales e instructores de arte, a lo que se suma el potencial de la comunidad con el fortalecimiento de técnicas tradicionales relacionadas con las manualidades u otras formas para fortalecer las raíces.
En estos entornos naturales la identidad se robustece y genera intercambio, crecimiento espiritual; al tiempo que se constituye en alternativa para las instituciones, que no siempre poseen las condiciones idóneas, o que han perdido el imán como catalizadores del arte, reducidas a su acción en los centros citadinos.
Por eso la estrategia encuentra adeptos en varios puntos del municipio cabecera, y en el resto de la provincia, donde creadores reconocidos y habitantes entusiastas impulsan sus proyectos, que este verano lucen sus mejores galas para aprovechar toda la energía que despierta el Sol.
Talleres, ensayos, espectáculos llegan así hasta los vecinos tuneros, y experiencias como las de El Callejón de la Ceiba, Raíces de San José o Avivarte, entre otras, cuentan con luz, empeño, y esperanzas suficientes para multiplicarse.


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