Viernes, 05 Enero 2018 05:26

Un año nuevo, un libro, una historia

Escrito por Leidys M. Labrador Herrera (Tomado de Granma)

La Habana.- Como un libro nuevo del que solo conocemos el título, del que nadie nos puede contar porque nadie lo ha leído aún, así son los años que comienzan. El «Felicidades» luego de que el reloj marca las 12, es únicamente el prólogo de una historia que solo puede entenderse página tras página, o lo que es lo mismo, día tras día.

Una trama llena de acertijos nos aguarda y aun con la incertidumbre que implica emprenderla, iremos cada vez más lejos en ella. Somos en definitiva el personaje protagónico y a la vez el escritor, así que solo nosotros tenemos el poder de construir sus capítulos.

Hay quienes dicen que un año no es nada. Quizá sea porque se escurre tan rápido que no nos alcanza el tiempo para vivirlo con plena conciencia de ello. Sin embargo, si nos detenemos a pensar en que nuestro horizonte es finito, tal vez entendamos mejor que 12 meses pueden significar un importante giro dramático, capaz de cambiar el curso de nuestra existencia.

Impredecible es el transcurso del destino y aunque solo tengamos plena seguridad del hoy, no podemos ver al mañana como un utópico anhelo. Ese pesimismo niega la oportunidad de forjarnos un nuevo amanecer. Si renunciamos a ese poder, habremos renunciado entonces a la esencia misma de existir, y respirar será únicamente un reflejo involuntario de nuestro cuerpo.

Es humano el temor a lo desconocido, a la incapacidad de predecir un «después», pero también son humanas la esperanza y la fe. Con ellas a cada lado mientras caminamos, serán asombrosos nuestros pasos, y aunque no siempre es posible alcanzar todas las metas, al menos estaremos orgullosos de nuestro esfuerzo para lograrlas.

La vida sin fracasos y golpes no es vida, pero solo cuando renunciamos perdemos la batalla. Cuantificar siempre las pérdidas nos priva de comprender aquello que ganamos cada día. Recordemos que no por simples y sencillas las cosas dejan de ser importantes. No siempre lo que nos llena y fortalece es aquello que más brilla.

El nuevo año nos da la oportunidad de reflexionar esas verdades, de reconstruirnos y llenarnos de disposición para que lo difícil sea siempre un reto, pero nunca un imposible.

De nadie más que de nosotros depende hacer valer nuestra estancia en la tierra. Con ese propósito, contribuyamos a enriquecer no solo nuestro día a día, también el de los demás. Ayudemos a levantarse a aquel que se quedó a un lado del camino, inyectemos con un poco de nuestra fuerza a quienes se dejaron consumir por la debilidad, regalemos el corazón a los que piensan que todo está perdido y unamos el nuestro al esfuerzo colectivo por construir un futuro más sólido y justo.

Me uno a los que, como Silvio Rodríguez, piensan que nuestra canción no debe ser del cielo, las estrellas, la Luna, sino de aquellos que no tienen ninguna; que nuestra canción no sea solo de quien pueda escucharla, porque a veces el sordo lleva más para amarla.

El 2018 es otra oportunidad, otro motivo para estar de pie. Abramos entonces este libro nuevo, y comencemos a leerlo con la avidez de quien no teme al desenlace de la historia, porque como Gabriel García Márquez, prefiere «vivir para contarla».

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