Dcanel3 argentinaEn medio de una apretada agenda, Díaz-Canel reservó especial espacio para rendir tributo a San Martín, a Martí y a los miles de desaparecidos de la dictadura

Buenos Aires, Argentina.- Este lunes en la Patria del Che fue sobrecogedor para la delegación de Cuba que encabeza el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, desde un cercano encuentro con empresarios y un diálogo entrañable con intelectuales que admiran la Revolución, hasta un recorrido por la memoria de América, de San Martín a la víctimas del terrorismo de Estado, pasando siempre ante Martí.

Así fue la agenda del jefe de Estado de la Mayor de las Antillas que, como siempre planifica en cada país que visita, reservó especial espacio para rendir tributo a la historia sobre la que se levantan, dignamente, los pueblos.

Sus pasos comenzaron por la céntrica plaza San Martín, una de las más antiguas de la ciudad de Buenos Aires, donde se erige el imponente monumento ecuestre en bronce del Héroe Nacional de Argentina, el General que es orgullo de esta tierra.

Como mismo lo hiciera el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el año 2003 -cuando asistió a la toma de posesión de Néstor Kirchner- el mandatario honró a San Martín con una ofrenda floral y un minuto de silencio, en medio de una plaza concurridísima a esa hora cercana del mediodía, que detuvo por breves instantes su cotidianidad.

Díaz-Canel siguió luego hasta el parque Tres de Febrero, que atesora el hermoso Jardín de los Poetas, en el Rosedal. Allí, entre otros grandes como Shakespeare, Dante Alighieri, Antonio Machado, García Lorca, Luis Borge o Alfonsina Storni, está el busto de José Martí, nacido de las manos de los escultores argentinos, Marta y Pablo Ibarra.

Flores blancas a nombre del pueblo y Gobierno de la Isla colocó el estadista caribeño ante el Más Universal de los Cubanos, que fue cónsul de Argentina en Nueva York en 1890 y ayudó a tejer, desde entonces, la amistad entre Cuba y la nación austral.

Y cuando las emociones tocaban ya altas notas, el Presidente de la Mayor de las Antillas, llegó al Parque de la Memoria, un sitio estremecedor, una herida a cielo abierto, que no pretende ser cementerio, sino lugar para la esperanza y la vida. Así lo explicó la directora del memorial, Nora Hochbaun, quien guio a Díaz-Canel a través de las cuatro estelas de hormigón con 30 mil placas en memoria de las víctimas del terrorismo de Estado. Solo poco más de nueve mil de ellas tienen los nombres y la edad de los desparecidos o asesinados.

Enclavado justo entre el río La Plata y la Universidad de Buenos Aires -destino macabro de los vuelos de la muerte, el primero; y futuro de la nación, la segunda- el Parque de la Memoria es un sitio en constante construcción. Todo el tiempo, lamentablemente, vamos agregando nombres, dijo la anfitriona.

Desaparecidos de 36 países encuentran allí el tributo permanente. Entre ellos están los jóvenes cubanos Jesús Cejas y Crescencio Galañena, torturados y asesinados mientras cumplían servicio diplomático en Argentina. A ellos, cuyos restos fueron hallados en barriles rellenos de cemento, el presidente Díaz-Canel dedicó dos flores blancas.

Al final del recorrido, el jefe de Estado se encontró con algunas de las valerosas abuelas de Plaza de Mayo y junto a ellas lanzó rosas al río La Plata, testigo mudo de miles de asesinatos. A unos metros se levantaba la escultura, fulminante, del niño Pablo Miguez, asesinado y desaparecido en aquellas aguas turbias a sus tiernos 14 años.

De sus profundas emociones dejó entonces escrito el Presidente: "Siempre recordaremos este entrañable momento de homenaje a los desaparecidos, a las víctimas del terrorismo de Estado y qué mejor que honrar al lado de ustedes, madres y abuelas de los que siempre estarán presentes.

"Este emblemático espacio llama a la reflexión y, sobre todo, refuerza la convicción de lucha por un mundo mejor donde no pueda ocurrir tal barbarie. Ese mundo mejor es posible.     

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