robertoLas Tunas.- La inclusión del científico puertopadrense Roberto Rodríguez Labrada como miembro Joven Afiliado de la Academia Mundial de las Ciencias es una noticia que llena de regocijo a este terruño oriental.

Los que lo conocemos y sabemos de su apasionada trayectoria, no dudamos de que será importante su desempeño en los próximos cinco años en esta reconocida institución, con sede en Italia, que reúne a investigadores de los países en vías de desarrollo.

Graduado de Microbiología en la Universidad de La Habana, este joven, quien ha desempeñado la mayor parte de su carrera en el Centro para la Investigación y Rehabilitación de las Ataxias Hereditarias en la provincia de Holguín, es un auténtico hijo de estas tierras.

Todavía es el orgullo del "profe Vargas"; el hombre al que siempre agradece los primeros pasos certeros en el estudio de la Biología, cuando era apenas un muchachito espigado que llegaba al Ipvce Luis Urquiza Jorge con los sueños en la mochila y unas ganas infinitas de crecer, como tantos a su alrededor.

Alguna vez me confesó que le habría gustado ser periodista. Me dijo entonces que la mía era la profesión más linda del mundo y en sus ojos brillaba la alegría del niño que corrió por los pasillos de Radio Libertad. Y me contaba los ruidos y los sustos que le habían marcado entre las consolas y los estudios de la que fuera sede de aquella estación local que tanto quiere.

A ella volvió, hace poco tiempo, para intercambiar al aire de su trabajo de estos años. Pero no, él decidió ser científico. Me contó que por esa manía de hablar rápido que le impedía tener una dicción precisa para estos menesteres y porque "las palabras no eran lo suyo", se le enrevesaban al decir y así, no se podía.

Desde ese día supe que iba a estar entre los mejores. Un jovencito estudioso, determinado, buen amigo, que sabe reconocer sus fortalezas y se encauza por ellas, pocas veces se equivoca en sus determinaciones. Tampoco yo me equivoqué con "Bobby", como le decimos muchos desde entonces.

Él trabaja ahora en el Centro de Neurociencias de Cuba y en el 2019, a sus 38 años de edad, recibió la Orden Carlos J. Fínlay, máxima distinción que otorga el Consejo de Estado de este país en el campo de las investigaciones científicas.

Además, ostenta varios premios de la Academia de Ciencias de Cuba, de la Organización Internacional de Investigaciones del Cerebro y de la Sociedad Mundial de Trastornos del Movimiento.
Hoy es día de buenas noticias para los suyos, que somos muchos. Porque tras ese resultado, lo sé, está el amor de su familia, aplatanada en Puerto Padre; los desvelos de su esposa, científica como él y, de seguro, la alegría de su niño. Un pequeño que ama las pelotas, los juegos y que en su vida irá sumando motivos para estar muy orgulloso de papá, como nosotros.

 

 

 

 

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