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dependiente del celular

Las Tunas.- Javier abre los ojos y lo primero que palpa, en la mesita de noche, a escasos centímetros, es su celular. Revisa las notificaciones de los juegos que le tuvieron despierto hasta la madrugada. Le anuncian que tienen energía completa para otras tantas partidas. Inconscientemente el muchacho sonríe. Pospone los retos para otro momento y se pierde en la galería.

Allá dentro, entre casi 500 fotografías, sobre todo selfis, chequea las de su agrado y se queda embelesado en una especial, la que muestra a una chica de cabello negro y muy largo, que sonríe y lanza un beso tímido por los aires.

Su mama abre la puerta y lo encuentra aún enredado entre las sábanas con el dispositivo de frente a la altura de sus ojos. Ella amenaza con lanzarlo por los aires si no se viste pronto. “Otra vez se te va a hacer tarde para la escuela”.

Javi se arregla como un autómata. Llega a la mesa para desayunar, pero en ese justo momento suena el tono de una notificación y no puede evitarlo, aparta el vaso de refresco y busca en su celular el nuevo mensaje. Termina de comer el pan con la mirada perdida en la pantalla de su Samsung.

De camino a la escuela revisa un par de veces el celular. Lo lleva en la mano, por si acaso. En el aula, a escondidas intercambia mensajes por el Todus con los amigos de otros grados. Para su cumpleaños 14 quiere que le regalen dinero para comprarse un paquete y poder acceder a Facebook.

Los chicos de su barrio lo convidan a jugar fútbol en el área del seminternado Jesús Argüelles, pero él ya no quiere ir. Tiene demasiados juegos nuevos como para perder el tiempo. No necesita otros entretenimientos. Definitivamente el celular es su única adicción.

                                                                                                                         TELÉFONO-DEPENDIENTES

recarga internet cuba 1 1132x509Las nuevas tecnologías llegaron para facilitar diversas acciones y tareas del día a día. Sin embargo, con el paso de tiempo, se han convertido poco a poco en algo más que una herramienta para propiciar la comunicación. Llegando al extremo de presentarse casos de adicción al teléfono celular.

Nomofobia es el nombre que ha recibido esta conducta, la cual se define como un miedo irracional a no tener cerca un teléfono móvil. El término fue acuñado por la Oficina de Correos del Reino Unido cuando realizó un estudio con el objetivo de estimar la ansiedad que provoca separarse del aparato. Se encontró que el 53 por ciento de la población encuestada siente verdadero malestar cuando no tiene su teléfono o este se queda sin batería.

Elia Marina Brito Hidalgo, máster en Psicología y con vasta experiencia en el trabajo con niños y jóvenes en la provincia, alerta que este fenómeno es cada vez más recurrente. Y, aunque al principio no pareciera nada grave, se trata de un comportamiento que podría estar avisando sobre la presencia de un problema de salud mental, destacó la especialista.

“La nomofobia alerta sobre un posible caso de dependencia absoluta de los demás -puntualiza la psicóloga-, pues el celular es una manera de estar conectado con las personas. Es todo un problema de autoestima y está asociado a otras problemáticas como la dificultad para socializar y pertenecer a un grupo. De hecho, la inseguridad personal es el factor más común que causa nomofobia.

“Mi vida circula alrededor de satisfacer al otro, así que, si me llaman y no tengo la posibilidad de estar conectado, me siento solo. Aparece el miedo a decepcionar a los demás”, comentó.

Pero, ¿cómo saber si nosotros o alguien cercano es adicto(a) al celular? De acuerdo con los psicólogos que estudian el tema existen una serie de síntomas que pueden alertar sobre un posible caso de nomofobia:

1- Tener como prioridad número uno el uso del celular, dejando en un segundo plano las relaciones con familiares o amigos, al igual que los estudios o el trabajo.
2- Aislarse de las demás personas y tener comportamientos que generan problemas por pasar mucho tiempo utilizando el dispositivo o estando al pendiente de los mensajes.
3- Usar dicho dispositivo para hacer todas las gestiones posibles, reduciendo al mínimo el contacto personal.
4- Utilizarlo en reuniones con amigos, en el trabajo, en la casa e incluso, en el baño.
5- Mirar la pantalla cada pocos minutos, aunque no se espere ninguna llamada.
6 -Sentirse incompleto e inseguro cuando no se tiene el teléfono cerca.
7 -Presentar estrés al estar en un lugar donde no se puede usar el celular.

MEJOR EN LA MANO QUE EN EL BOLSILLO

Yuriel, un adolescente del reparto La Victoria, en esta ciudad, comparte uno de los incidentes más traumáticos que le han sucedido últimamente.
“Me desperté tarde, desayuné unos tragos de yogur y salí casi corriendo de la casa porque tenía prueba ese día a primer turno. Ya estaba cerca de la escuela cuando me di cuenta de que con la prisa olvidé echarme el celular en el bolsillo y lo había dejado encima de la cama. Entré en pánico. Dije hasta malas palabras y salí muy mal en la evaluación porque no podía concentrarme. Desde entonces ya no guardo el teléfono en el bolsillo, lo llevo en la mano, para que no haya casualidad”.

De seguro, como Yuriel, muchos se han sentido desfallecer ante una situación similar. Y aunque parezca exagerado y a la vez inofensivo, dicha adicción tiene consecuencias nocivas para la salud.telefono dependientes

Según los expertos, el apego severo al teléfono involucra un desajuste en los niveles de dopamina en el cerebro, algo que sucede con otras adicciones. La dopamina es un neurotransmisor que regula el centro de recompensas de la materia gris; es decir, motiva a las personas a hacer cosas que creen que podrían darles una satisfacción.

El experto relata que cada vez que recibimos una notificación, ya sea un mensaje de texto o un simple like en Facebook, se elevan los niveles de dopamina. Las consecuencias de esta dependencia en la salud de las personas son fundamentalmente ansiedad, hipervigilancia y conductas obsesivas.

Cifras de Psychology Today indican que este padecimiento está creciendo entre los estudiantes, que dos de cada tres personas duermen pegadas al teléfono, 34 por ciento admite revisar el smartphone durante momentos de intimidad con su pareja, más del 50 por ciento jamás apaga el celular y, más sorpresivamente, una de cada cinco personas preferiría vivir sin zapatos una semana que no traer su teléfono.

EN LÍNEA CON EL MUNDO, ¿Y CON EL DE AL LADO?

Basta con subirse al transporte público, mirar en un restaurante, ir a un bar, o simplemente observar alrededor, para ver lo mucho que dependemos de los smartphones. Cada vez son más las personas que documentan cada minuto de su vida, salidas familiares, citas románticas, al punto de descuidar el valioso tiempo “real”, de interrumpir un beso con un selfi.

Esto ha llevado a una pérdida de las conexiones reales entre la gente. Lo cual es muy lamentable, pues la comunicación cara a cara es un comportamiento trascendental, e invaluable, de hecho, está demostrado que las interacciones entre los miembros de una sociedad estimulan una mejor salud mental al compartir con otros las preocupaciones y dolores, así como la alegría y satisfacción por los logros de la vida cotidiana.

El tener acceso a Facebook, Instagram o WhatsApp ya es intergeneracional y transversal en la actualidad, especialmente para los nativos digitales, quienes ven como cotidiano el hecho de estar permanentemente conectados. Lo preocupante es que esta condición está generando brechas cuando debería constituir solo puentes comunicativos entre los seres humanos.