javier1Las Tunas.- Javier Rivero es el típico campesino cubano. Despierta en la madrugada y se alista siempre para una faena dura. Rondan las 3:00 am cuando inicia el ordeño. Después, a espera por el acarreador que pasa justo frente a su casa y entregarle la leche, todavía tibia, en franco contraste con el frío propio del amanecer.


Luego llega el rato de los tres hijos. Porque la escuelita queda a unos pocos kilómetros de la comunidad y hay que llevarlos hasta la puerta misma; por suerte son madrugadores. Varoncitos vigorosos de los que habla con los ojos brillantes y parece que los tiene siempre muy cerquita; porque hay muchas maneras del amor y, a ratos, se abraza desde la mirada.

Entre sonrisas, recuerda “que son terribles” y se sonroja mientras cuenta de las veces en que ha tenido que aguantarlos porque quieren ir para el campo, ayudar con las vacas cuando el sol todavía ni ha salido. “Les enseño a echar palante, trabajar sin miedo en la vida, con esta Revolución”.

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Javier Rivero es parte de la delegación de Las Tunas al XI Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Y le pregunto, sí, pero no me habla de eso; él sigue con su letanía de amores y prefiere contarme de Amanda. La muchacha radiante que le atiza los sueños y, hace un tiempo, inició con brío el trabajo de darle fuerza a la UJC por entre los miembros de la CCS Mártires de Manatí.

“Yo no he hecho gran cosa, solo seguir el trabajo que ella comenzó. Actualmente Amanda es funcionaria de la UJC en el municipio de Manatí. Me ayuda mucho en las tareas y me exige también. Fuimos el primer comité de base en el sector campesino del municipio, y ayudamos también, con nuestra experiencia, al surgimiento de otro”.

Les queda poco tiempo libre porque es dura la faena de la tierra, la ceba de toros, en la que también él está inmerso y el programa de mejoramiento de suelos al que se han sumado, a través del PIAL. Sin embargo tratan de dejar al menos un huequito para el tercer domingo de cada mes. Es el día marcado para la recreación y entonces la jornada se les vuelve alegría, amigos y hasta algún juego de pelota.

Le digo, husmeando el fondo de sus ojos, ¿difícil ser campesino hoy en día?

“Eso es un orgullo. No porque seamos campesinos, somos menos revolucionarios. Al que lo sea, como yo, lo invito a que no se rinda, a que no se sienta cansado. La Revolución confía en nosotros y hay que echar palante, Sin miedo a nada”.

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