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Las Tunas.- Este 25 de marzo cumple 25 años entre nosotros la emblemática Plaza Martiana. Una joya de la arquitectura y la ciencia que distingue a Las Tunas en cualquier escenario y ha sido protagonista en 26 Digital en disímiles momentos. La celebración, que en tiempos de la Covid-19 no puede ser multitudinaria, late en el orgullo de cada tunero por tenerla, saberla, desandarla con soltura mientras se recorre esta pequeña comarca.

El aliento del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque está desde el inicio de sus labores constructivas, en el año del centenario de la muerte del Apóstol. El ardor de glorias de la cultura nacional como Rita Longa y Martha Arjona forman parte de su génesis; y la entrega constante del arquitecto Domingo Alás, su padre, todavía le da brío y apuesta a no dejar morir su esplendor.

Es única de su tipo y, a la vez, altiva, elegante y sencilla. Por eso los tuneros se sientan con desenfado en sus bancos y escaleras. Lo mismo a conversar, que a hacerse una foto o husmear en teléfonos celulares cómo despierta el mundo. En ella se han realizado conmemoraciones inolvidables, entre las que destaca, indudablemente, el luctuoso 2 de diciembre del 2016, cuando 90 preciosas banderas cubanas en manos jóvenes, desde sus escalones, dijeron adiós a Fidel Castro al paso de su cortejo. Esa jornada, como pocas, enardeció su valía.

Conoce besos enamorados, rupturas violentas, indisciplinas sociales y sabe de amigos que, perdidos en las esquinas, la citan como punto de encuentro: “Sí, tú no te muevas. Espérame tranquilo que yo llego allí, a la Plaza Martiana”. Alrededor de ella gira parte importante de la cotidianidad de muchos lugareños. Es una pena que su directiva siga siendo de subordinación municipal, porque tal circunstancia limita presupuestos y necesita atención constante, como todas las obras buenas.

No son estas horas de actos y eventos colosales, y hasta encanto tiene eso para los primeros 25 de la Plaza Martiana. Porque el mejor homenaje está en el respeto y la admiración de cada uno de nosotros. Suerte que tiene, sin dudas, por su altivez y complicidad. Y también porque, de alguna manera, representa en Las Tunas la estirpe del hombre de La Edad de Oro, un ser humano excepcional que justo el 25 de marzo, 100 años antes de la inauguración de este sitio, firmaba el Manifiesto de Montecristi y se lanzaba al mar rumbo a Cuba y por su libertad.

 

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