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Las Tunas.- El sonido del machete contra la carne, el ruido de algunas máquinas y el constante caer del agua marcan los minutos y las horas de los tres salones de proceso de la Empresa Pesquera de Las Tunas, Pescatún, donde elaboran varios renglones para contribuir a la alimentación del pueblo.

En ese escenario se garantizan los recursos para restaurantes especializados, escuelas, centros laborales, instituciones de Salud y la red de pescaderías, según Luis Carlos Espinosa del Toro, director de la unidad empresarial de base (UEB) Comercial e Industrias.

“Abastecemos nueve unidades, cuatro de ellas en esta ciudad y una en el Cerro de Caisimú (Manatí). Llevamos nuestras ofertas a los municipios de Majibacoa, Jobabo, Colombia y Jesús Menéndez. Puerto Padre, “Amancio” y Manatí tienen UEB y satisfacen sus propias demandas.

“Además, con la situación creada por la presencia del nuevo coronavirus, ponemos los productos a disposición del Consejo de Defensa Provincial. No solo se han controlado por la libreta de abastecimiento, también los han llevado a comunidades y vendido a sectores priorizados, como Salud.

“Acá hacemos hamburguesas conformadas y sin preparar, croquetas, picadillo condimentado, tronchos, quilla, masa de chorizo, embutidos y filetes de tencas y clarias. Todos esos surtidos tienen buena aceptación. Incluso, entregamos picadillo de tenca para las dietas médicas que requieren pescado”.

Hasta el cierre de mayo, los resultados de Pescatún son excelentes y las estadísticas de producción y venta avalan ese criterio de Espinosa del Toro.

“Teníamos un plan de 36,8 toneladas y se produjeron 69,2 para el 187,9 por ciento de cumplimiento. En cuanto a las ventas, debíamos recaudar 765 mil 900 pesos y llegamos al millón 46 mil 300, para el 136 por ciento”.

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 ESFUERZO COLECTIVO PARA SUPERAR COMPROMISOS

Casi toda su vida ha estado Yolanda Labrada Rivero en esta empresa y se le pierde la mirada en el infinito cuando intenta recordar cuántos pescados han pasado por sus manos en un cuarto de siglo.

“Imagine, comencé envasando machuelos. Después aprendí a hacer picadillo y muchas otras cosas, unas más fáciles que otras. Teniendo el machete amolado no es tan molesto, pero acaba con las uñas y una se cansa bastante. Da dolor en los brazos y en las manos”.

Mientras habla muestra los callos que le han salido con el paso del tiempo y parece que se pone triste; sin embargo, sonríe con optimismo y asegura que “hay que echar pa’lante.

“Quiero jubilarme aquí, donde crecí y aprendí a hacer todo. Conmigo todavía se puede contar”.

Igual piensa Máikel Cisneros Padrón. Solo lleva seis meses como parte del colectivo de Pescatún, pero acumula una experiencia de 13 años en la unidad pesquera de Guayabal, en “Amancio”.

“Allá era auxiliar de proceso y ahora estoy en el salón de conformados. Algunos días hago hamburguesas y cuando no hay materia prima, croquetas o embutidos.

“Me siento muy orgulloso de aportar un granito de arena en un momento como este, tan difícil para las familias tuneras y las personas que están aisladas por la Covid-19.

“Nuestros productos tienen buena aceptación y eso me da gusto, saber que somos útiles. Deseo seguir hasta que la vida me lo permita”.

MESES QUE DEBEN SER MEJORES

Yolanda, Máikel y el resto de los trabajadores de los salones de proceso no se dan por vencidos ante las circunstancias y lamentan que no haya más pescado para seguir en su faena.

En la empresa son cuatro los rubros exportables: la angula o alevines de la anguila, muy cotizada en mercados de Europa y Asia a unos seis mil 260 dólares el kilogramo; el pescado de plataforma (pargos, sierras, biajaibas y jiguaguas), cuyo plan es de seis toneladas anuales y en lo que va del 2020 ya acumulan más de cinco; la tenca HG, eviscerada y sin cabeza, y las vejigas natatorias.

“La producción de estos dos últimos renglones está deprimida actualmente -comenta Espinosa del Toro- por dos razones fundamentales: la falta de neveras para su conservación y porque la materia prima que se extrae es de tallas pequeñas y para ello requieren animales de dos o más kilogramos de peso.

“Tenemos una estrategia diseñada en pos de recuperar los atrasos. Concentraremos las extracciones con este fin en la presa Juan Sáez, en el norte de la provincia, donde hay peces de mayor tamaño. Y pretendemos congelar la carga en el municipio camagüeyano de Santa Cruz del Sur.

“El plan de tenca es de siete toneladas y el de vejiga natatoria supera las 1,8”.

SIN DETENERSE, NUEVOS RENGLONES

En la industria pesquera de Las Tunas construyen un cuarto salón de procesamiento, pues avanza la intención de producir enlatados. No es una idea nueva, aunque en esta oportunidad se prevé a gran escala. Y será bueno para la alimentación de los tuneros, en medio de una intensa crisis económica que ha afectado a varios sectores de la sociedad; pero que también ha sacado lo mejor de cada colectivo, para el bien de los demás. 

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