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Las Tunas.- ¡Cómo hay policías, mami!, dice picaresca y sorprendida Mily, la pequeña de 7 años de edad, quien me cuenta que extraña su seminternado Julián Santana, en esta ciudad, mientras acompaña a su mamá a hacer la cola del pollo que llegó a la carnicería. En efecto, a diario, cientos de integrantes de las diferentes fuerzas y dependencias del Ministerio del Interior (Minint) y la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) llevan también sobre sus uniformes el decoro responsable de cuidar la vida, la cual intenta arrebatarnos el SARS-Cov-2.

Desde el amanecer hasta que cierran los mercados y las placitas  -Mily escucha atenta- ellos están aquí para que no nos enfermemos. ¿Ves?, no dejan que las personas se acerquen y exigen que traigan el nasobuco. Entonces, la perspicacia infantil hace galas: “mira, mami, allá la gente está pegada”. Y en ese rompecabezas cotidiano se mueve hace más de dos meses una de las principales misiones de los agentes del orden en esta provincia y el país.


Ayer, 6 de junio, celebramos 59 años de fundado el Minint. Empero, no hay celebraciones como años atrás. Ellos honran la fecha de pie, bajo el sol intenso y un calor irritante, en constante vigilia, para que las indisciplinas sociales no sean el detonante de esa bomba de tiempo que significa un posible rebrote de la mortal pandemia.


Mily y su mamá hacen la cola. Por los alrededores no todos respetan y, de vez en vez, el teniente que custodia las ventas en el complejo y poli comercial mercado Leningrado tiene que poner voz fuerte. Mientras estoy en las cercanías nadie lo felicita, pero por allá, una señora que regresa a la fila de la carnicería, luego de conversar con él, le dice a su vecina: “Entendió, podemos comprar. Tienen una resistencia tremenda, no sé cómo pueden aguantar tantas horas de pie. Deben ponerles a todos una medalla”.


Y en esas confidencias populares, intimistas, siento el reconocimiento callado de los más, de todos esos tuneros que cada noche también aplauden por ellos, porque a sus modos, con sus responsabilidades específicas y la voluntad de cumplir con el deber, no descansan y nadie puede poner en dudas que desde las tiendas, las calles, los mercados y cualquier parte entran, desde que sale el sol, a sus zonas rojas con cuanto riesgo engendra el hecho de no quedarse en casa.

 

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