ciencia en la agricultura

Las Tunas.- A lo largo de los últimos años, en la provincia de Las Tunas el promedio de precipitaciones se redujo de mil 126 milímetros anuales a mil 038 y la tendencia es a continuar disminuyendo; incluso, hoy es el territorio de más bajo promedio del país.

Esa es una verdad repetida desde hace tiempo que no se debe olvidar, porque duele, especialmente, en los meses de noviembre a abril, cuando la tierra se agrieta por la falta del líquido vital. Otra realidad es que los suelos locales están muy depauperados y los medianamente productivos no son suficientes para sembrar las hectáreas de alimentos que requieren más de medio millón de tuneros.

Ambos aspectos se recogen en un análisis efectuado por especialistas de la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Citma, el cual responde a la necesidad de incrementar el impacto de las ciencias en el sector agropecuario, lo que debe concretarse en el aumento de la producción de alimentos, de manera sustentable, a mediano y largo plazos.

El camino es largo, pero no imposible. Así piensa la delegada del Citma, Gisela Olano Felipe, quien considera que hay diferencias que tipifican a cada municipio; por tanto, los rendimientos no pueden ser los mismos en uno u otro lugar.

"La situación es complicada y se impone proyectar un estudio paulatino de los suelos; pero también es urgente adoptar varias medidas que reviertan lo que hay ahora. Por ejemplo, la creación de un grupo de trabajo integrado por la entidad que represento, la Universidad y diferentes unidades productoras de alimentos y del sector agropecuario. Urge implementar un Sistema Integrado de Gestión del Conocimiento para el desarrollo sostenible a nivel local, introducir los resultados científicos de la provincia y el país y priorizar la ejecución de proyectos de innovación con diferentes fuentes de financiamiento, que propicien el desarrollo económico.

"También, algo muy importante, hay que evaluar la posibilidad de los encadenamientos productivos entre diferentes sectores, incluyendo los residuales que contribuyen a la contaminación ambiental. Un ejemplo concreto está en la gallinaza (mezcla de excretas, plumas y restos de alimentos) que genera la producción avícola, la que es un excelente nutriente para los peces que se crían en los embalses. A su vez, la harina de los desechos del pescado puede ser un complemento en la dieta de las aves", afirmó la delegada del Citma.

El uso de los restos de cosechas como fertilizantes orgánicos ya está probado, pero debe consolidarse. Igualmente, la siembra de árboles a la orilla de las plantaciones de cultivos varios, más en plátanos, porque se mejoran las características físicas del suelo, facilita la aireación y favorece la absorción de humedad y el filtraje de nutrientes.

En la provincia habrá que buscar opciones constantemente para la garantía de alimento animal, elaboración de instrumentos rústicos, uso óptimo del espacio mediante la técnica de cultivo en pedestales y otras tareas.

El hermanamiento entre la ciencia y la agricultura no es tarea de un día o dos. Junto a la introducción de los resultados investigativos se deben cumplir los indicadores medioambientales, todo con el fin de producir más alimentos.

Y entonces cobran más fuerza las palabras expresadas por Olano Felipe: El clima cambia. ¿Y la agricultura? ¡Debe adaptarse!

 

Escribir un comentario