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Las Tunas.- Lisela Galeano Martínez es licenciada en Estudios Socioculturales y cursa actualmente la maestría en Desarrollo Cultural Comunitario. Por estos días alista, como parte de todo ese proceso, el estudio sobre las asociaciones de instrucción y recreo en el período de la República Neocolonial en Las Tunas.

No se asuste usted, entrañable lector, no son estas unas líneas para explicarle a fondo los desvelos de su indagatoria (sumamente interesante), sino una suerte de excusa para acercarle a los criterios de esta joven, madre, mujer, investigadora y tunera. Y eso, especialmente por estas fechas, que recuerdan el día del historiador cubano.

“Pienso que en muchos casos los estudiantes y los pobladores de Las Tunas están un poco alejados de las raíces de la historia de los lugares importantes de nuestra ciudad. Creo que no se ha gestionado ese conocimiento desde lo académico, pero tampoco desde las instituciones culturales, desde la gente y muy especialmente, desde lo gubernamental.

“Lo veo como una deuda que tenemos la nueva generación de investigadores, no solamente de la historia, sino de otros campos de las Ciencias Sociales. Sé que se están dando pasos, nosotros somos una nueva generación, que estamos avanzando en la investigación histórica e igualmente aportando un granito de arena. Hace falta mayor trabajo de socialización de lo que hacemos, que es muy importante”.

Se desempeña como especialista en Gestión de la Información en la Universidad de las Tunas. Sé que la pasión por estos temas le viene de la infancia.

“Siempre me interesó la historia de la localidad. Me inspiró una investigación que hizo mi abuela, la conservamos como reliquia familiar, y es justamente del período en el que ahora mismo indago yo. Esa es una etapa de la historia de Las Tunas que me apasiona verdaderamente. Cómo se era la vida dentro de esas instituciones culturales y el desarrollo que estuvo siempre centrado en el progreso de la localidad.

“Eso forma parte del patrimonio, de la cultura de Las Tunas y por supuesto, siempre guarda un nexo con lo que realmente estudié. Me parece que ese período es muy rico, se puede explotar en muchas esferas”.

Los ojos le brillan mientras me cuenta más. Está nerviosa, lo percibo, quizás sea un poco por la grabadora que le pongo delante, o tal vez porque cuesta ahondar en las razones que te hacen amar lo que sencillamente amas.

Dice que en su casa los libros siempre “han sobrado” de tantos que te encuentras en las esquinas. Y sé que la mayor de sus hijas ha devorado varios en esta cuarentena. ¿Será la investigación una especie de tradición familiar? Sonríe.

“Lo más importante es que Alejandra conozca de dónde vienen las raíces de lo que somos. Eso sí se lo hemos inculcado en la casa. Si no conocemos de dónde venimos, no sabemos hacia dónde vamos; no podemos proyectarnos en el futuro y es muy importante.

“Todos eso te ayuda a construir un verdadero sentido de pertenencia que es necesario crear desde la niñez. Me parece que en el núcleo nuestro, familiar, lo vivimos así. Ese es el pensamiento que he defendido siempre”.