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Washington.- El juicio político y la posterior absolución del presidente Donald Trump pusieron nuevamente de relieve las fuertes divisiones partidistas existentes en Estados Unidos, las cuales podrían acentuarse aún más en el actual año electoral.

Los 100 miembros del Senado realizaron el 5 de febrero la votación final sobre los dos cargos por los cuales había sido acusado el mandatario en la Cámara de Representantes, uno por abuso de poder y otro por obstrucción al congreso.
Ambas imputaciones contra Trump estuvieron relacionadas con sus llamados a que Ucrania abriera una pesquisa sobre las elecciones estadounidenses del 2016 y otra sobre el exvicemandatario y precandidato presidencial demócrata Joe Biden, quien podría ser su rival en los comicios presidenciales de noviembre venidero.
Luego de que a finales de septiembre la titular de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, anunció el inicio de una investigación de juicio político acerca de las interacciones del jefe de la Casa Blanca con el país europeo, durante varias semanas los miembros de ese órgano legislativo escucharon a más de 15 testigos y revisaron documentos sobre el tema.
A partir de la evidencia recopilada en ese proceso, los demócratas decidieron acusar formalmente al presidente en diciembre pasado, al considerar que presionó a Kiev para que lanzara las mencionadas pesquisas con el fin de beneficiarse políticamente en las próximas elecciones.
Según concluyó la fuerza azul, Trump condicionó la entrega de ayuda militar a Ucrania por valor de casi 400 millones de dólares y la celebración de un encuentro con su homólogo Volodymyr Zelensky, a que se anunciaran públicamente las investigaciones demandadas por él.
A pesar de todas las señales sobre su comportamiento inadecuado, el jefe de Estado aseguró que todo estuvo "perfecto" en sus tratos con el país europeo y reiteró que los demócratas impulsaban una caza de brujas en su contra.
Incluso, con las abundantes revelaciones y pruebas, la continuidad del presidente en el cargo nunca estuvo en peligro, gracias al respaldo de los republicanos del Capitolio y la labor del liderazgo del partido, que se encargó de controlar a legisladores que quisieran cuestionar de algún modo las acciones del mandatario.
De ese modo, ninguno de los miembros de la fuerza roja en la Cámara Baja votó a favor de las imputaciones, y esa unanimidad partidista podría haberse repetido en la Cámara Alta si no hubiera sido porque el senador Mitt Romney, convencido de la culpabilidad del presidente, se pronunció a favor de condenarlo por abuso de poder.
En total, 48 senadores consideraron a Trump culpable por ese cargo, y 52 lo declararon inocente; mientras que, en el caso de la obstrucción al Congreso, Romney sí votó junto a su partido, por lo que fueron 47 los votos a favor y 53 en contra de destituirlo.
Tal desenlace se produjo a pesar de lo que los demócratas llamaron pruebas abrumadoras, y de que varios republicanos reconocieron que Trump sí actuó de forma incorrecta o inapropiada.
Algunos de ellos llegaron a considerar que la formación azul había demostrado su caso e, incluso, que las acciones del mandatario cumplían un estándar de impugnación, pero trataron de justificar su rechazo a la condena con el argumento de que sacarlo del cargo no iría en el mejor interés del país.
Como señaló luego el diario The New York Times, el tercer juicio político -y la tercera absolución- de la historia norteamericana "terminó como comenzó: con los republicanos y los demócratas en desacuerdo".
Asimismo, el periódico añadió que, como confirmación de la división partidista estadounidense, ese veredicto no ofrece una conclusión real, pues miembros de ambas fuerzas políticas admitieron que un cierre del tema solo puede llegar después de los comicios de noviembre.
Lógicamente, tras el final del juicio, han continuado las mismas posturas de uno y otro lados: la Casa Blanca asegura que Trump obtuvo "plena vindicación y exoneración", mientras Pelosi sostiene que la decisión de absolverlo fue un acto de "ilegalidad" orquestado por el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell.
Realmente McConnell jugó un papel clave a favor del presidente, no solo porque, de acuerdo con diversos reportes, realizó gran presión sobre sus colegas para mantenerlos unidos, sino porque también impidió que se aceptaran nuevos testigos y documentos en el Senado.
Ese fue uno de los puntos de mayor disputa en este proceso, pues los demócratas demandaron que se llamara a declarar en la Cámara Alta a figuras como el exasesor de seguridad nacional John Bolton, en medio de revelaciones de que tenía información clave sobre el tema de Ucrania.
Sin embargo, los miembros de la fuerza roja se rehusaron a permitirlo -con las únicas excepciones de Romney y la senadora Susan Collins-, aun cuando las encuestas arrojaron un apoyo mayoritario de los estadounidenses a que se admitieran testigos.
Precisamente los sondeos sobre el juicio han sido otra medida de la división imperante en Estados Unidos, pues de acuerdo con el promedio de encuestas del portal digital RealClearPolitics, un 47,8 por ciento de los norteamericanos quería la destitución de Trump, frente a un 48,1 favorable a que permaneciera en la presidencia.
En un editorial publicado poco después de la votación de cierre, el diario Los Angeles Times calificó de desalentadora y peligrosa la absolución del presidente, y la consideró una mancha en la historia del país.
A decir del medio, "no cabe duda de que el jefe de Estado abusó del poder de su oficina en su escandaloso intento de inducir a Ucrania a investigar al exvicepresidente Joe Biden. Luego, trató de obstaculizar la investigación negándose rotundamente a liberar documentos y ordenando a sus subordinados que no testificaran".
De acuerdo con esa publicación, los miembros de la fuerza roja ignoraron la evidencia abrumadora y los hechos indiscutibles, se negaron a escuchar testigos adicionales y, por lo tanto, dieron licencia al abuso del cargo de Trump.
Entre quienes condenaron la decisión de la mayoría republicana estuvo la senadora y precandidata presidencial demócrata Elizabeth Warren, quien dijo que sus colegas votaron para "proteger al presidente", aun cuando él aprovechó su posición para beneficiarse personalmente.
"Ahora es nuestro momento de contraatacar. Hemos vencido la corrupción antes y lo haremos nuevamente", añadió la legisladora por Massachusetts, en lo que fue un mensaje a mirar hacia adelante y buscar la derrota del gobernante en las urnas.
Por eso, aunque el juicio oficialmente haya terminado, seguramente seguirá marcando el panorama político en los meses venideros, cuando Trump lo use para tratar de mostrarse como víctima de los demócratas, y sus rivales se refieran a ese proceso como una muestra de que el presidente no debería permanecer en el más alto cargo del país.
*Corresponsal de Prensa Latina en EE.UU.

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