racismo usa131

La Habana.- La explosión popular contra el racismo y la conducta deplorable de quien rige los destinos de Estados Unidos podrían derivar en un sí o un no en los próximos comicios.

La forma en que ha conducido los supuestos planes para el control de la Covid-19, no puede ser peor. Pudiera considerarse que Trump desprecia hasta a su propio pueblo. Un ejemplo claro son los casi 110 mil muertos y cerca de dos millones de contagiados con el virus, que ha puesto en evidencia un sistema de Salud precario, una muy grande falta de insumos para controlar la pandemia, y una apuesta por salvar la economía, aunque no se preserven las vidas.

El asfixiante escenario de hoy es expresión de una sociedad con un modelo decadente, y un Donald Trump encaramado en la Casa Blanca es el más claro ejemplo de cuán frágil y tensa está la convivencia misma entre los seres humanos.

Una de sus últimas expresiones fue cuando, para referirse al afronorteamericano George Floyd, muerto por un policía blanco bajo el impulso supremacista inculcado por el propio mandatario, y para alardear de una supuesta baja del desempleo en el mes de mayo, dijo: "Ojalá George nos esté mirando ahora mismo desde arriba, estará diciendo que esto es algo muy bueno para nuestro país. Es un gran día para él, un gran día para todos".

Y se atrevió a decir más: "Lo que le ha pasado a nuestro país es lo mejor que puede pasar para las relaciones raciales, para los afroamericanos", según cita el diario The New York Times.

La estrella del baloncesto estadounidense, Stephen Jackson, dirigiéndose a Trump afirmó: "Vamos a echarte de la Casa Blanca. Te prometo que no estarás en la Casa Blanca en noviembre. No serás reelegido, te lo digo ahora", afirmó el campeón de la NBA en el 2003.

Días antes, Trump apareció en el Jardín de Rosas, de la Casa Blanca, para autoproclamarse ante las cámaras de televisión como "el Presidente de la ley y el orden" y también como "un aliado de los manifestantes pacíficos", los mismos contra los que la policía y el ejército movilizado por él son reprimidos salvajemente con balas de goma, humo, granadas cargadas con una fórmula de aerosol químico, patadas y empujones.

Otra de sus últimas escenificaciones la tuvo por estos mismos días, cuando irrumpió en el silencio de la Iglesia Episcopal de Saint John, muy cercana a la Casa Blanca, con el único objetivo de tomarse una foto con la Biblia en una de sus manos.

La propia encargada de la iglesia, Mariann Budde, mostró su indignación por la visita del mandatario y declaró al Washington Post: "Estoy perpleja. Necesitamos liderazgo moral y el Presidente ha hecho todo para dividirnos y acaba de usar uno de los símbolos más sagrados de la tradición judeocristana".

Enfrentado con la prensa, insultando a los gobernadores, rechazado hasta por funcionarios cercanos que no comparten sus decisiones de militarizar las ciudades para controlar las protestas, aparece ante la opinión pública un Donald Trump, quizá más peligroso que nunca por saberse acorralado por sus propios errores y amenazado seriamente con ser vencido.

En el último de estos sondeos, publicado por el The Washington Post y la cadena ABC, Biden sería el favorito entre los votantes registrados con una diferencia de 10 puntos porcentuales (53 % frente a 43 %).

Mientras tanto, las ciudades estadounidenses parecen un volcán que arroja lava y las morgues siguen llenándose por un virus que puso al desnudo a un sistema, a un Gobierno y a un Presidente incapaces de salvar hasta a sus propios coterráneos.

El próximo 3 de noviembre, los estadounidenses estarán con Trump o contra Trump.

Escribir un comentario