luis abinaderLa Habana.- En medio de la pandemia de la Covid-19, con más de 55 mil infectados y unos 800 fallecidos, República Dominicana celebró este domingo las elecciones generales suspendidas en mayo último a causa de la enfermedad, y los resultados, aunque aún inconclusos, demuestran que los votantes dieron un voto de castigo al actual gobierno del Partido de Liberación Dominicana (PLD) -en el poder desde hace 16 años- y al presidente Danilo Medina.

El candidato del opositor Partido de la Revolución Moderna (PRD), Luis Abinader, logró un 53 por ciento de los votos, por lo cual no será necesario celebrar una segunda vuelta, y deberá asumir la presidencia en agosto venidero hasta el 2024. Asimismo, su agrupación controlará la mayoría legislativa de 264 curules.

El candidato oficialista, Gonzalo Castillo, logró un 33 por ciento de los sufragios, mientras Leonel Fernández, tres veces presidente, obtuvo apenas un 8. Fernández encabeza la alianza Fuerza del Pueblo, un desprendimiento del PLD.

Durante los comicios no tuvieron lugar muchos hechos violentos, aunque en un tiroteo fue muerto un delegado del PRD y se comprobaron compras de voto en las cercanías de 17 colegios electorales, por lo cual fueron detenidos varios dirigentes políticos, entre ellos el presidente del partido opositor que resultó vencedor.

El gobernarte PLD, clasificado como centrista, deja a una nación con un alto crecimiento económico, pero con un modelo neoliberal que crea enormes desigualdades y corrupción, violencia y abuso creciente contra las mujeres, sin generación de empleos y magros resultados en la política social, principalmente en  Educación y Salud, así como la persistencia de bajos salarios y crecimiento de la pobreza y del número de personas sin hogar.

Esto fue suficiente para mejorar la imagen y creer en las promesas de bienestar del PRD, así como en los ataques de la Iglesia Católica y varias ramas protestantes contra el actual Gobierno y el intento de reelección de Medina.

                                     PERSPECTIVAS NADA BUENAS

El vencedor Partido Revolucionario Moderno (PRM), es profundamente conservador, neoliberal, subordinado a la estrategia imperial de EE.UU. y comprometido con la degradación moral del ejercicio político.

Recordemos que las fuerzas sociales y políticas que han dominado la sociedad dominicana a partir de la invasión militar de EE.UU. en 1965 cuentan actualmente con modalidades de continuismo en el marco del sistema electoral y de partidos vigentes, las cuales les garantizan la permanencia del orden establecido y la institucionalidad sustentada en la Constitución neoliberal, dictatorial-presidencialista y recolonizadora del 2010.

Esas situaciones también tienen lugar en el marco de esta coyuntura electoral que, independientemente de sus resultados -ahora favorables a la derecha-, continuará siendo controlada y manipulada.

El caso es tan grave que un reciente informe del PNUD sobre el sistema electoral y los derechos políticos revela de cara al mundo que República Dominicana ocupa el lugar número 20 de los 24 países de América Latina y el Caribe investigados por ese organismo de las Naciones Unidas.

Entre las modalidades de continuismo, dos corresponden al Partido de la Liberación Dominicana: la reelección por segunda vez del presidente Danilo Medina y su facción política -evitada por la fuerza de la protesta popular en esta ocasión- o la concurrencia de esa corporación de la corrupción estatal con otra candidatura.

Finalmente, parece ser necesario reiterar que, dado el rezago de casi una década en los salarios mínimos, su cercanía con la línea de pobreza y el alto porcentaje de trabajadores pobres, el criterio predominante es la fijación y revisión de las tarifas de salarios mínimos que debe aplicar el Comité Nacional de Salario.

De no hacerlo así, República Dominicana seguirá en el reducido grupo de países de América Latina -junto a Haití y Honduras- con salario mínimo por debajo del límite establecido.

 

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