Wushu 300x211Puerto Padre, Las Tunas.- La Escuela Provincial de Wushu, Rufino Alay Chang, centro de referencia para la zona oriental del país, cumple hoy 20 años de fundada. Dos décadas han trascurrido, desde aquel 8 de abril del año 2000, cuando por iniciativa del maestro Roberto Vargas Lee, Carlos Rodríguez Cordoví y Yaima Justo Velázquez, pareja en la vida y el deporte, asumen el reto de crear en Puerto Padre, una institución para la práctica de las artes marciales y la cultura china.

En ocasión del aniversario 20 de la escuela, entrevistamos al maestro Carlos Rodríguez Cordoví, líder de este proyecto que trasciende más allá de nuestras fronteras.

Wushu facebook0Carlos, ¿cómo logra materializar en Puerto Padre la idea del maestro Vargas Lee?

En esa época comenzaban los primeros cursos para instructores en el barrio Chino de La Habana, cursos que se impartían a través de la Escuela Cubana de Wushu. Yo venía de la práctica del Kárate Do, con el profesor Emilio López Vidaña, y me interesaban las artes marciales. Al surgir la posibilidad de cursar los estudios de Wushu, pues me llama la atención y junto a la maestra Yaima, me enamoro de la idea. Luego de aprobar los exámenes, el maestro Roberto, nos da la idea de fundar en Puerto Padre una escuela para promover la cultura china y así lo hicimos.

Llegan a Puerto Padre, ¿cuándo comienza a gestarse la idea?

Inmediatamente. Llegamos de La Habana y lo primero que buscamos fue la divulgación de la idea, y en eso tuvo un rol fundamental la emisora Radio Libertad, que en aquel entonces estaba frente al parque Paco Cabrera, en la avenida, y en eso nos ayudó mucho el locutor Roger Cala Falcón, quien es también fundador de la escuela. Iniciamos la convocatoria, la gente comenzó a interesarse en el proyecto y el 8 de abril del año 2000, fundamos la escuela.

¿Dónde impartieron las primeras clases?

Comenzamos en el área de boxeo, ubicada al costado del estadio Hermanos Ameijeiras, ahí estuvimos unos seis meses, luego un año en el patio de la Biblioteca Municipal, después nos fuimos para el área deportiva de la secundaria José Maceo. De ahí, al no lograr espacio fijo, el maestro Roberto nos plantea que asaltemos los parques de Puerto Padre como hacían en China, y nos trasladamos para el parque Martí. Aquí la matricula fue creciendo, teníamos tres grupos, uno de niños, otro de jóvenes y uno del adulto mayor, y ya el parque no era suficiente. Fue a partir de ahí, que nace la idea de rescatar la antigua área de voleibol, la cual estaba abandonada, y se convierte esta en la sede oficial de la escuela, lugar donde llevamos ya unos 16 años.

Maestro, ¿cuáles son los logros más importantes de la escuela en estos 20 años?

Veinte años… se dice fácil, pero lleva sacrificio, pasión, entrega. En veinte años muchos son los logros y desafíos que ha tenido que enfrentar la escuela. Comenzamos un grupo reducido de personas, hoy ya contamos 200. La escuela, además de en la sede habitual, ha tenido grupos en Vázquez, Delicias, Maniabón, La Micro y en el parque Paco Cabrera. Contamos con proyectos con el Ministerio del Interior, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el palacio de pioneros Camilo Cienfuegos, el hotel Brisas Covarrubias y la Federación Culinaria. En estos 20 años hemos fomentado el desarrollo del Chiqún de salud, rescatamos las tradiciones chinas en Puerto Padre con la celebración del Año Nuevo Lunar, la danza del dragón y la danza del león. De las artes marciales, enseñamos el dominio pleno de la lanza, el sable, el palo, el abanico, la cadena y otros más. La escuela, como centro de referencia para la zona oriental, ha llevado sus enseñanzas a otras provincias como Camagüey, Holguín, Granma y Santiago de Cuba. Además, ha servido de puente de lazos de amistad entre Cuba y China, de ahí las fraternales relaciones entre ambas naciones.

En estas dos décadas, diferentes personalidades de la cultura y el deporte han visitado la escuela. Mencione algunas de ellas.

Aquí en Puerto Padre, a través de la escuela, han estado los monjes del Templo de Shaolin; Roberto Vargas Lee, presidente de la Escuela Cubana de Wushu, maestro y amigo en lo personal, tanto es así, que el nombre de mi hija menor, Mei Jua, se lo puso él. También ha estado con nosotros el maestro Ronaldo Veitía, reconocido entrenador del judo femenino cubano, Héroe del Trabajo de la República de Cuba; el maestro Raúl Rizo, fundador de la Escuela Cubana de Kárate Do; Salvador Pérez Quevedo, representante del Shotokan en Cuba; nos visitó el primer actor de la televisión cubana Rogelio Blaín, ya fallecido, y el también primer actor cubano Emilio del Valle. Es decir, muchas son las personalidades que han estado aquí en estos 20 años.

Aniversario 20 de la Escuela Cubana de Wushu en Puerto Padre. Aniversario que no podrán festejar a lo grande debido al nuevo coronavirus. ¿Cómo enfrentan este periodo?

Imagínate. Teníamos varias actividades para festejar, entre ellas la Gala Aniversario 20, pero ya habrá tiempo para conmemorar. Cuando este mal momento que atraviesa el mundo sea un triste recuerdo en la humanidad, pues realizaremos todas las actividades que teníamos prevista para este 8 de abril, actividades que comenzaron con las celebraciones del Año Nuevo Lunar. No obstante, el trabajo en la escuela no se detiene, y cuando digo escuela, no me refiero a la sede, a ese espacio físico, me refiero a los estudiantes, niños, jóvenes y adultos. Ante esta circunstancia, todos tienen orientaciones de cómo hacer ejercicios en casa, y ya tú has visto en Facebook, parte de lo que hacemos. Así que ahí vamos, dándole salud y vida a nuestro pueblo.

Carlos, ¿cuál es la impronta de la escuela en Puerto Padre?

La escuela es formadora de valores en la sociedad puertopadrense. La escuela cultiva cultura y deporte. La escuela ofrece calidad de vida al adulto mayor. La escuela contribuye a la preparación de los oficiales del Minint y las FAR. La escuela está presente en cada desfile, gala, actividad política, carnaval. La escuela fomenta la cultura y las artes marciales chinas. La escuela, a través de la práctica del wushu aporta salud y vida. La escuela, constituye, de manera irreversible, un arma de la Revolución. 

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