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Las Tunas.- El inglés Jadon Sancho marcó este domingo un hacktrick con el Borussia Dortmund, en la Liga Alemana de Fútbol, y no quiso perderse la oportunidad de sumarse a la impresionante ola de protestas que recorre el mundo tras la muerte en Minnesota, Estados Unidos, del afroamericano George Floyd, víctima del racismo y la violencia policial.

“Justicia para George Floyd”, pudo leerse en la camiseta que llevaba el joven británico de 20 años debajo de la elástica oficial del elenco sublíder en la Bundesliga, vencedor esta jornada ante el Paderborn por 1-6.

La reivindicación de la naciente estrella inglesa se une a la que en la propia fecha del fútbol alemán habían protagonizado su coequipero Achraf Hakimi o el jugador francés del Borussia Monchengladbach, Marcus Thuram, quien en lugar de celebrar el primero de dos goles en la victoria de su equipo 4-1 frente a Unión Berlín, hincó su rodilla izquierda y agachó la cabeza como señal de protesta contra el racismo.

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El hijo del campeón del mundo Liliam Thuram imitó así el gesto del jugador de la National Footbal League (NFL), Colin Kaepernick, quien en 2016 sacudió al deporte estadounidense con una protesta inédita para los conservadores estándares del fútbol americano. Hincado en el césped mientras se escuchaba el himno de ese país, el atleta de los San Francisco 49ers decidió arriesgar una carrera que finalmente acabaría encontrando solo puertas cerradas, antes de permanecer impasible frente a las múltiples manifestaciones de odio racial en el deporte y la sociedad de Estados Unidos.

“No voy a levantarme y a mostrar orgullo por la bandera del país que oprime a la gente negra y la gente de color”, dijo entonces Kaepernick, en plena escalada xenofóbica, alentada por la campaña electoral del republicano Donald Trump. El que en definitiva se convertiría en presidente de la nación norteamericana no dudó en acusarle de haber insultado a su país y a sus símbolos, eludiendo deliberadamente ir a la raíz de un conflicto racial que la globalización y las redes sociales hacen cada vez más visible.

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El quarterback de los 49ers, quien había llevado a su equipo al Súper Bowl de 2013, se convirtió en agente libre un año después de su simbólico gesto y ninguna franquicia de la NFL requirió sus servicios. En 2018, los Seattle Seahawks le propusieron algunas sesiones de prueba, pero desistieron en cuanto el jugador aclaró que no dejaría de arrodillarse cuando sonara el himno nacional.

La icónica imagen de Kaepernick fue utilizada hace solo unos días por la megaestrella de la NBA, LeBron James, uno de las primeras voces del deporte en levantarse contra la muerte de George Floyd.

El mejor basquetbolista del mundo, figura de los históricos Lakers de Los Ángeles, colgó en sus redes sociales un montaje con la célebre foto de Kaepernick y la de un policía arrodillado en el cuello de Floyd, mientras era detenido.

“¿Lo entiendes ahora o sigues viendo borroso? Permanece despierto”, escribió LeBron, quien en las últimas horas fue fotografiado con una camiseta en la que podía leerse “No puedo respirar”, las palabras pronunciadas por Floyd durante los ocho minutos que el policía blanco Derek Chauvin permaneció presionando su cuello con la rodilla.

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La muerte del afroamericano de 46 años ha desencadenado fuertes protestas en varias ciudades de Estados Unidos y se ha extendido por todo el mundo. Un twitt del presidente Trump en el que llamó “matones” a los manifestantes más violentos y los amenazó advirtiendo que “cuando comienzan los saqueos, comienzan los tiroteos”, solo ha contribuido a agudizar las manifestaciones. Lo mismo ha hecho el polémico resultado de la autopsia de Floyd, según el cual este no murió por asfixia y había consumido drogas.

UNA HOJA DE RUTA COMÚN

El racismo ha sido consustancial al desarrollo del deporte. Durante décadas, en Estados Unidos a los peloteros negros les fue negado el acceso a las Grandes Ligas, hasta que Jackie Robinson rompió en 1947 la barrera racial con su salto desde las Ligas Negras al máximo nivel del béisbol estadounidense.

Otro tanto ha sucedido en la historia del Olimpismo, que exhibe manchas tan vergonzosas como los llamados Juegos Antropológicos, efectuados de manera paralela a los Juegos Olímpicos de San Luis, Estados Unidos, en 1904. Con pruebas como la escalada de árboles o el arco y flecha, los organizadores obligaron a competir en ellos a quienes consideraban “seres primitivos”, como negros africanos, indios sioux, moros, sirios y pigmeos.

Desde entonces, a pesar del supuesto avance de la sociedad “civilizada”, las manifestaciones de racismo se han sucedido cotidianamente en los escenarios deportivos. El fútbol profesional, con su extraordinario impacto mediático a nivel global, ha sido una triste vitrina de este fenómeno.

En la Liga Italiana, una de las más importantes del mundo, figuras como Mario Balotelli, Samuel Eto´o o Romelu Lukaku han sido víctimas del odio racial. De hecho, en el estadio Olímpico de Roma manda la barra de la Lazio, la Irriducibili, abiertamente seguidora de la ideología de ultraderecha y el facismo, autora de no pocos de estos episodios.

Aunque la FIFA y el Comité Olímpico Internacional implementan infinidad de campañas proselitistas, lo cierto es que el racismo sigue siendo un flagelo a escala mundial. Un obstáculo aún insalvable para el deporte, pero a fin de cuentas un reflejo de la sociedad en la que se desarrolla.

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