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Las Tunas.- Bajo un sol diabólico, con una sensación térmica que sobrepasa los 40 grados, Fránger Reynaldo dice sentirse como pez en el agua, literalmente con los pulmones llenos de oxígeno. En medio de la segunda semana de entrenamiento de los Leñadores de Las Tunas, el otrora mentor de equipos de esta provincia regresa al estadio Julio Antonio Mella, ahora para dar inicio al Programa de Desarrollo de Talentos con el que el béisbol cubano pretende potenciar el crecimiento de sus jugadores más jóvenes y acelerar su madurez deportiva, muy tardía en estos momentos.

Para conversar unos minutos aprovechamos un pequeño impasse en las pruebas exploratorias que realiza con los jugadores tuneros incluidos en el grupo de prospectos identificado por las autoridades de la pelota nacional. El diálogo se produce justo encima del home plate del “Mella” y Fránger habla con una vitalidad increíble, ajeno al sol y al polvo que levanta un viento fuerte y seco, casi desértico. En esas penosas condiciones el veterano técnico está a gusto, mucho más que los periodistas con los que conversa sin dejar de gesticular, bromeando una y otra vez sobre cierta deuda que solo puede ser saldada con un buen café.   

“Imagínate, estuve siete años separado del béisbol nacional. Es como volver a nacer. Hay por ahí varias propuestas que me están haciendo para que ocupe ciertas funciones, responsabilidades, gente que cree en mí; pero yo no nací para ser dirigente. Esto es lo que a mí me hace feliz: los pulmones los tengo llenos de oxígeno bajo este sol agobiante. En una oficina siento que me falta el aire, como pez fuera del agua, y por lo tanto aquí es donde quiero estar, sin responsabilidades, sin cargos, pero que confíen en lo que estamos haciendo y que me reconozcan por la seriedad que le pongo a mi trabajo”.

Pero, más allá de la profesionalidad, lo que de veras resalta es la pasión de un hombre que ahora se desdobla hacia los terrenos, luego de dedicarse durante esa suerte de exilio beisbolero a escribir y publicar libros sobre disímiles facetas del deporte que más aman los cubanos.

“Hace muchos años que debíamos haber aplicado este Programa de Desarrollo, que se sustenta precisamente en lo que le falta al pelotero cubano, porque lo que sí tenemos es talento. Y con esto nos referimos a las aptitudes naturales, congénitas, ese potencial genético que viene con la persona desde su nacimiento. Entonces, sí tenemos talento, pero en bruto.

“Cuando analizamos las ligas internacionales, nos damos cuenta de que alrededor de los 25 o 26 años todos esos talentos llegan a madurar, a su explosión como jugadores; sin embargo, en Cuba eso sucede sobre los 29 o 30 años, por lo tanto la vida deportiva es muy corta.

“Esto se debe a muchas razones. Primero, a las malformaciones que traen a través de su paso por la pirámide de Alto Rendimiento; otros, porque les aceleramos el proceso: al tener tanto éxodo de atletas, los traemos con muy corta edad y poca formación en nuestras series nacionales. Y en otros casos porque no reúnen las condiciones necesarias para la formación pedagógica y táctica que se necesita para jugar en una Serie Nacional, y se ven en la obligación de formarse dentro de nuestros campeonatos nacionales: tienen que pasar seis o siete años para que exploten su potencial.

“Entonces pensamos en potenciar precisamente el trabajo con lo que les falta, que no es más que la formación táctica, ese oficio, las habilidades que se generan de los hombros para arriba: el pensamiento táctico, el pensamiento práctico, el pensamiento operativo. Y hacia ahí está orientado este programa”.

En Las Tunas, Fránger observa al infielder Denis Peña, único jugador de esta provincia incluido en la lista original de prospectos del béisbol antillano. Más tarde, ante una reclamación de los técnicos locales, fueron admitidos los jardineros Dailier Peña y Osmani Urrutia Jr. Con todo, son apenas tres representantes para el único territorio del país que ha conseguido subir al podio de la Serie Nacional en los tres últimos años.

“Para mí es una preocupación. Cuando analizas la edad de los principales peloteros tuneros te das cuenta de que la mayoría está por encima de los 30 y tantos años, hay incluso dos atletas de más de 40. Y cuando esa generación se vaya, a quién vamos a acudir. Pero bueno, hubo un acuerdo importante con la Comisión Provincial: se va a hacer un programa similar de desarrollo del béisbol en la provincia para asegurar el futuro, o sea, no ir a las cabeceras de los municipios, sino a los lugares más intrincados, a buscar ese talento en bruto. Si no saben jugar a la pelota, mejor, eso se enseña. Lo que hace falta es la aptitud, las cualidades congénitas, el potencial genético, porque eso no se crea, eso nace con la persona”.

Como toda iniciativa que termina por señalar a quienes no han hecho del todo bien su trabajo a lo largo de tantos años, lo que intenta hacer Fránger seguramente no encontrará toda la comprensión que podría esperarse. De hecho, algunos de los ejercicios con los que pretende hacer un diagnóstico inicial parecen demasiado básicos para el nivel al que ya se deben encontrar estos jugadores y los técnicos encargados de su formación y puesta a punto. Quizás, entonces, haya por ahí un poco de incredulidad, aunque los imperdonables errores tácticos que cada temporada cometen incluso los más ilustres peloteros del país, le dejan un resquicio al beneficio de la duda que merece el proyecto.

“Sabemos que no vamos a lograr en dos o tres años lo que nos ha tomado 60 series nacionales: formar ciento y tantos, 200 talentos de primer nivel. Pero yo pienso que en ese período ya debemos estar recogiendo los frutos de este trabajo, que se deben ir comenzando a ver ya desde el primer año. Y en todo caso, no vamos a estar tan mal, porque si ves la Serie Nacional, hay una gran rivalidad, pero hay una baja calidad. Y cuando ves los equipos Cuba, notas que hoy perdemos con cualquier equipo, y tampoco puede ser así. Vamos a intentar, con este plan emergente, con este plan remedial, recuperar ese terreno perdido”.