Miércoles, 20 Noviembre 2019 11:38

Murió un gran poeta: Antonio Borrego

Escrito por Yelaine Martínez Herrera

Las Tunas.- No me gustó escribir estas líneas, pero no pude abstenerme. Es mi deber como periodista, mas la poetisa que me habita está llorando. Ha muerto un gran poeta, Antonio Borrego, pero también un amigo, un hombre bueno.

Leo sus versos para imaginarlo cercano y no creer en la oscura evidencia de la partida a los 57 años. Su propio trazo refleja mi congoja, la de tantos: "Sobre la mano enferma del destino, / sobre la eternidad de las palabras, / sobre la inercia que lastró el futuro/ la sangre de tu ausencia se hizo un lago (libro Desván de la memoria, de Tony).

Se ha ido el autor de poemas imborrables como Discurso de un hombre solo, pero las huellas de su pulso creativo seguirán vivas. El tiempo no es verdugo de los hombres y mujeres con lumbrera. Además, la poesía es eterna y tiene ese extraño misterio de revivir el alma que la escribe.

Cuando publiquen el cuaderno Figuras viscerales, uno de sus últimos proyectos (ganador de la beca de creación Gilberto E. Rodríguez 2019), volveremos a encontrarlo a través de la lectura. Lo entrevisté sobre ello hace unos meses, ¿cómo iba a saber de esta jugada del destino? Me dijo que el texto "trata sobre el interior del hombre, sentimientos ambiguos y duros como el dolor, la pérdida y la fugacidad del tiempo". ¡Qué ironía de la vida! Así me siento.

Me llamó la atención que el amor, leitmotiv de su creación literaria, no estuviera presente en ese volumen, nos acostumbramos al hecho de que sus poemas enamoraran a las personas, unieran a los seres, se aprendieran de memoria...

Hoy ocupa el espacio sideral destinado a los grandes rapsodas. Camina en el éter junto a Ondina Gamboa, Guillermo Vidal, Juan Manuel Herrera, Ramiro Duarte, Martha Pérez Leyva y otros inolvidables bardos de esta tierra.

Este poeta hasta la médula también fue narrador, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y licenciado en Dirección de Cine, Radio y Televisión. Además, fue fundador de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en el territorio y ganó varios premios importantes como el Cucalambé (2005 y 2009). Entre sus publicaciones figuran: Doy gracias a Dios de ser ateo, Terrenal, Diapositivas, Juegos lunares, Juanillo, Ovejas y demonios (reconocido con el lauro La Puerta de Papel), y Los días de Dios. Tenía inédito Los colores de Indira (poesía para niños) y, hasta donde me informó, pulía una novela llamada El hombre malo.

Siempre admiró la obra de César Vallejo y defendió la lengua española. Fueron referentes suyos los cubanos Eliseo Diego, Rafael Alcides Pérez y Dulce María Loynaz, además de literatos españoles, norteamericanos, ingleses y franceses. Me confesó que le hubiera gustado escribir la Biblia y si hubiera podido ser un poema sería El último día de una casa, de la Loynaz.

Desde 1984, en que encontró en el hotel Tunas al tocayo Antonio Gutiérrez (escritor también) y le enseñó unos textos, no dejaría de crear. "Le agradezco mucho. Mis primeros pasos en la literatura los di en el taller literario Cucalambé, que él atendía gratuitamente. También agradezco a Hermeides Pompa", afirmó.

Tony fue un escritor auténtico, de los que sienten las fibras del mundo y, sin altivez, afrontan la página en blanco. No pretendió "ser optimista a destiempo, sino plantear una realidad entrevista por los resortes de una poesía intimista, confesional, que ha de servirle al lector como espejo irreverente y múltiple donde probarse cada antifaz cotidiano", así me dijo. Descansa en paz, amigo. Tu cuerpo, como afirmaste en versos, "ha de alumbrar en un recodo".

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