Sábado, 23 Marzo 2019 06:58

Sangre española y alma de Cuba

Escrito por Esther De la Cruz Castillejo
María Machado. María Machado. Foto: Cortesía del historiador Víctor Marrero

Las Tunas.- Aunque siempre llevó el apellido de su madre cubana, todos en la jurisdicción de Victoria de las Tunas estaban al corriente de que la joven María era hija del general español Emilio March, jefe de la Tercera División en la ciudad de Holguín.

Ella, detrás de la piel blanca y los ojos azules, se sabía fruto de un noble amor. Sus padres se conocieron cuando él era apenas un soldado español repleto de sueños, dispuesto a conquistar definitivamente a aquella cubana calurosa.

Solo que nada había podido convencer a su prole materna de las buenas intenciones del acérrimo enemigo que les había jurado su pasión más allá del combate. Ni siquiera cedieron el día en que María nació.
Por eso, tras la firma del Pacto del Zanjón, él regresó a España. No le dejaron siquiera conocer a la niña. Pareció entonces contentarse con mandar dinero a su retoño.

Al estallar la Guerra Necesaria volvió a Cuba. Ya no eran los mismos. March lucía una carrera militar sólida y a su hija la encontró mujer, crecida y casada. Apostó a restablecer lazos con ella, presto a hacer sentir el inmenso valor de la sangre.

Transcurrían ya los años finales de la segunda mitad del siglo XIX y la joven, por esa condición de origen, tenía salvoconducto abierto para recorrer el escenario de la metrópoli en los días de la contienda del 95.

Lo que tal vez no todos sabían por ese entonces era que, mientras andaba de un lado a otro, le bullían las ansias de una Cuba libre. Había crecido entre criollos. No era de extrañar que los arrojos libertarios de la Patria esclava pesaran más que su estirpe del Viejo Continente, distante un océano de su vida. Un linaje agrio para sus juegos de infancia y las anécdotas de la Guerra Grande que, de seguro, calaron su espíritu desde niña.

Un día pasó lo inevitable: selló el compromiso con su tierra, su casta, su generación, amén de la sangre española que le corría por el cuerpo. Porque María Machado se volvió informante secreta de Calixto García. Y ahora también se movía con soltura por entre los trillos de la manigua.

Su labor fue determinante para el caudillo holguinero cuando este decidió el asalto y la toma de Las Tunas en agosto de 1897. La muchacha llevó hasta él toda la información que pudo de uno de los puntos más importantes del inminente combate, la Plaza de Armas.

Con un informe secreto dio cuenta de la disposición de la artillería enemiga, los movimientos del día, el tiempo en que se producían los cambios de guardia y los relevos de los soldados. Y lo hizo con un notable nivel de detalles.

Aseguran que su plano de la ciudad fue sumamente valioso para Mariano Leyva Varona, encargado por los insurrectos de alistar el croquis definitivo. No se equivocó la avispada cubanita que jamás adoptó el apellido de su padre.

Poco recogen los estudios históricos sobre su figura. Se sabe, apenas, de unas décimas de la época que la describen algo. Hay certeza, sin embargo, del valor de su alma mambisa. Vio a su tierra hecha cenizas tras un combate cruento, determinante para lograr la capitulación española en Cuba. Ella fue, por mucho, valerosa protagonista.

Visto 1999 veces Modificado por última vez en Sábado, 23 Marzo 2019 08:31

Escriba su comentario

Post comentado como Invitado

0
  • No comments found