Afloró, en primer orden, la inconformidad –un asunto de vergüenza como coincidimos todos con mi vecino José Luis– con el deterioro vial de las calles de la comunidad y la ciudad en general, sin que exista una respuesta coherente con el tiempo de reiteración del planteamiento y la socorrida frase de "la falta de recurso", cuando se aprecia que en otros lugares y obras existen y no siempre son prioridades para la gente.
La problemática con los servicios relacionados con la venta de productos alimenticios, como las viandas, hortalizas, vegetales y cárnicos, en una zona altamente poblada –la segunda de esta capital- tras la apertura de mercados como El Tunero en el centro de esta capital, con la resultante de concentrar allí la mayor y mejor oferta de surtidos en detrimento de las demás del municipio y, específicamente esta comunidad, con un número elevado también de ancianos tuvo la mirada crítica de los electores y el reclamo de buscar un equilibrio y una decisión mejor pensada, a favor de las mayorías y la realidades de la población.
Con total libertad, espíritu crítico y propuestas de solución y alternativas posibles, fundamentalmente si los decisores rompen evidentes esquemas viciados sobre atributos de la agenda pública, los más de 300 electores usaron la palabra y dieron vida al ejercicio de la democracia participativa, en una reunión que enseñó que todavía, a pesar de las limitaciones objetivas de la economía, las afectaciones climáticas y el reto actual de la política internacional, se puede hacer más con lo que tenemos y acercarnos con más rapidez al cambio que se pide y necesita la sociedad cubana de hoy.
La asamblea otra vez fue el modo de decir con todos y para el bien de todos. Desde el deterioro de los edificios, hasta la mejor utilización del mercado para aprovechar su potencialidad a favor de la calidad del trabajo, se analizó con objetividad y voz colectiva. Mi barrio rindió cuenta y fue, sin dudas, un momento constructivo.
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