Jueves, 06 Julio 2017 05:20

Viaje al reino del helado

Escrito por Juan Morales Agüero

Las Tunas.- ¡Cuánto calor nos agobia por estos días! Mientras cavilo sobre la mejor manera de combatirlo, se me activan las papilas gustativas y el helado me asalta el pensamiento. ¡Qué bien vendría ahora una copa repleta de ese alimento refrescante y sabroso! Pero, ¿conoce el lector cuál es su historia?

Sepa que el origen del helado es antiquísimo. Su antecedente más remoto se localiza en Asia en el segundo milenio antes de Cristo, cuando los chinos mezclaban nieve con miel y jugo de frutas para consumir luego la mixtura a manera de refrigerio. El conquistador Alejandro Magno también hacía otro tanto en occidente con sus ánforas.
Los romanos guardaban hielo en profundos pozos y vendían néctares helados en época de verano. Y el emperador Nerón, para no ser menos, enviaba a sus esclavos a buscar trozos de nieve a las montañas cercanas para utilizarla después en la congelación de miel, pulpa de frutas y zumos naturales.
En el Medioevo de Europa se perdió el gusto por su consumo. Sin embargo, en el mundo musulmán los cocineros de los califas profundizaron en la elaboración de estos manjares, a cuyas mezclas denominaron sharbets, de donde procede la palabra sorbete, nombre con el que se conoció el helado en sus inicios.
La tradición se recuperó a fines del siglo XIII cuando Marco Polo, al regresar del Lejano Oriente, trajo recetas de los postres congelados que se tomaban en China. Más tarde, en el siglo XVI, el rico producto pasó a las cortes europeas y de ahí a América, acompañando a los primeros colonos.
En el siglo XVII, el chef francés de Carlos I de Inglaterra preparó una "nieve helada" que sirvió como dulce en uno de los afamados banquetes del monarca. A partir de esa noche, el soberano solo permitió que se brindara tal delicia en comidas reales y le prohibió al cocinero divulgar la fórmula.
Pero al casarse Catalina de Médicis con Enrique II de Francia, dichos primitivos procederes culinarios se desplazaron a la corte gala, donde se les añadió primero huevos y después leche. De esa forma creció la difusión de tan exquisito preparado en Europa hasta llegar a nuestro continente durante la colonización.
Desde el siglo XVIII los helados se hicieron muy populares en las trece colonias que posteriormente originaron el nacimiento de los Estados Unidos. Pero su definitivo éxito llegó de manos de un tal Jacob Fussel, quien en 1851 puso a funcionar en la ciudad de Baltimore la primera fábrica de ese surtido de la historia.
Hoy, el helado constituye el postre de consumo masivo más difundido del mundo, incluyendo los países fríos. Interesante, ¿verdad?

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