Martes, 19 Diciembre 2017 05:21

Libre de humo

Escrito por Yuset Puig Pupo

Las Tunas.- Baby ya tenía sus sospechas, pero la confirmación le llegó cuando a la hora de lavar los uniformes, encontró en el bolsillo de la blusa de su hija rastros de cigarro. La interrogó enseguida y Yeny confesó. De vez en vez ella y sus amigas se daban unas cachaditas, como sus padres o media Secundaria, "que eso tampoco era para alarmarse...".

Ante la desfachatez de la adolescente, Baby armó tremendo aspaviento y hasta amenazó con no volver a darle dinero para las meriendas, ni nada más, "¿a ver con qué iba a mantenerse el vicio?". Mientras tanto, ella y su esposo continuaron inhalando el humo dentro del hogar, después del café de la tarde, en las noches y paradójicamente, cuando la economía no marchaba bien.

Yeny no es de ninguna manera una jovencita atípica. No hay que esforzarse demasiado para descubrir que el hábito de fumar se ha vuelto cada vez más frecuente en la adolescencia. Es casi infalible, en la primera oportunidad, lejos de la vista de sus familiares arman un grupito y comparten bocanadas, e incluso, las alternan con bebidas alcohólicas.

De alguna manera este comportamiento tampoco es anormal. En la etapa que viven lo prohibido resulta atractivo y romper las reglas se asocia con tener carácter, comportarse como adulto, o hacerse valer. Pero esto no es otro juego en que ocupar las hormonas, el tabaquismo mata, mucho más en las edades tempranas.

Fumar no solo causa mal aliento y dientes manchados, también hace cambiar la apariencia. La inhalación de humo constriñe los vasos sanguíneos. Esto provoca una disminución de los niveles de oxígeno, lo que hace que la piel se vuelva pálida y seca. Además, el fumador puede desarrollar úlceras en la boca, sangramientos y grietas en los labios.

Hay más de 60 diversas toxinas en el humo del tabaco que actúan como agentes carcinógenos y de segunda mano es especialmente agresivo para los más jóvenes, pues está compuesto en gran parte por el humo residual, las sustancias como el monóxido de carbono o el alquitrán penetran con mayor facilidad en las vías respiratorias, aún en pleno proceso de desarrollo, afectando gravemente al crecimiento y la formación de las células.

Los varoncitos son los primeros en llevarse los cigarrillos a los labios. En su cabeza sí funciona el cliché de los videos musicales y las películas de Hollywood, en las que el protagonista fuma tranquilamente desafiando cualquier agresión. Y para las jovencitas es algo sexi, que da pinta de chica mala y experimentada. Los padres tienen el gran reto de enseñarles a discernir la realidad de las falacias consumistas.

Preparar a los más jóvenes para la vida no es cosa fácil. Y no solo se trata de procurarles la mejor ropa y los zapatos más caros. Es necesario entablar largas charlas, sin ofensas, ni amenazas. Mostrarles que el tabaquismo y otros hábitos tóxicos son perjudiciales para la salud. Es vital educar con el ejemplo, y mantener el hogar libre del humo.

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