Jueves, 25 Enero 2018 06:03

Amnesia y anexión cultural

Escrito por István Ojeda Bello

Las Tunas.- "Estoy en la Yunai, estoy en la Yuma donde se bebe y se fuma, controlando los fulas", truena el reguetonero por esa perniciosa costumbre de quienes comparten a todo volumen sus gustos musicales en espacios públicos. Escuchándolo recordé el libro Ser cubano, de Louis A. Pérez Jr., texto que trae a colación cuánto de lo estadounidense hay en lo cubano.

En el lapso crítico de la formación de nuestra nacionalidad (las cuatro últimas décadas del siglo XIX), dice el profesor de la Universidad de Carolina del Norte, "mucho de lo que integró el sentido cubano del futuro y de su lugar en ese futuro, fue moldeado por o de alguna manera derivado del encuentro con el Norte".

Pérez Jr. sostiene que, desde antes del fin de la dominación colonial española en la Mayor de las Antillas, mediante una compleja negociación, muchas de las proposiciones de la tierra de Lincoln fueron abrazadas aquí como afirmaciones de progreso. En apariencia eso no tendría mucho nexo con la mencionada canción contemporánea, pues se suponía que casi medio siglo de educación política revolucionaria habría sido suficiente para no continuar asociando a los Estados Unidos con el ideal de progreso y éxito.

El reguetón de marras estaría advirtiendo que podríamos encontrarnos en una posición análoga a la del final del siglo XIX y principios del XX, cuando el factor norteamericano adquirió un sentido más relevante en la cotidianidad de un país que, como entonces, está definiendo su futuro.

LO "YUMA"

En medio de una jornada festiva, el cliente de siempre no esperaba verlo pasar como de costumbre. "Esa panadería es americana, hace pan todos los días", dijo el vendedor como si con ese calificativo le imprimiera a su producto toda la eficiencia posible. Algo muy similar pretende decir un niño cuando se refiere a que algo está "yuma".

Antes de ejemplificarlo con múltiples casos domésticos, y mediante el desarrollo aquí de deportes como el béisbol, el profesor Pérez Jr. comenta que "los modelos de vida social, de comunicación pública y lenguaje, los patrones de estilos y de representación, la religión y la recreación, en no menor medida que la forma de vestir y el comportamiento, así como los gustos y los juguetes, muchas veces provenían de las prácticas y los convencionalismos norteamericanos, aunque esto, por lo general, no se percibía como instrumentos de hegemonía en la vida diaria, tenían un papel básico en la mecánica de los sistemas de dominación".

Nuestro país fue durante mucho tiempo una extensión subalterna, accesoria, prescindible, de la economía norteamericana, sin que concretamente la mayoría de la población cubana pudiese acceder a la prometida holgura anunciada por los misioneros, por los medios de comunicación y la retórica oficial del Estado burgués neocolonial.

La Revolución, como proceso de histórica rebeldía frente a los intentos de colonización externa, también fue la reacción a esos procesos de dominación, precedido de la concientización a veces empírica y más teórica con el tiempo. Fue la resistencia suscitada asimismo por la contradicción entre lo que el académico llama sistemas normativos estadounidenses de mercado y consumo, y la realidad económica y social de la nación que en la práctica reproducían una lógica de subordinación.

Ya en el poder, la Revolución transparentó ese conflicto cultural y emprendió el camino de satisfacer tal ideario de progreso social y económico colectivo, pero las condiciones materiales demostraron, tal vez de la peor manera después de 1991, que la noción de prosperidad asumida hasta el momento ya no sería posible.

Volviendo a la canción en la cual su autor presenta su estancia en Miami, preguntémonos, ¿cuánto del futuro individual de los hijos de este Archipiélago hoy estaría siendo moldeado bajo patrones análogos a los que trajeron los colonos estadounidenses o los emigrados cubanos hace ya más de 100 años?

"La experiencia (de los emigrados) analiza Pérez Jr. fue vital, porque permitió a muchos familiarizarse con el mundo moderno, y así sistemas ideológicos y jerarquías morales alternativas pasaron directamente a lo que entonces se fusionaba como lo cubano".
La ideología y la moral nos colocan en el plano de los referentes y Cuba sigue siendo un país de emigración, cuya influencia es fuerte en los estilos de vida, en ocasiones más que el discurso político.

La interacción de la nación con su diáspora y específicamente con las generaciones más recientes asentadas o nacidas en los Estados Unidos continuará creciendo en el futuro y, como mismo financian el emprendimiento individual, también portan estilos y prioridades propias. Qué saldrá de esa interacción es obviamente una interrogante por encima del instante concreto de estas líneas, pero que debería ser tenida en cuenta en los tiempos por venir. No para criminalizaciones o aislacionismos estériles y contraproducentes, sino para afrontarlo con la lucidez que da evitarse los lugares comunes.

Cuando le planteé estas preguntas al historiador Ernesto Limia, él hizo una salvedad importante: "No tengo ninguna preocupación de que esa cultura auténtica norteamericana nos cercene el piso, porque no es su propósito tampoco. Lo preocupante es la pseudocultura que nos están vendiendo por todas partes".

La desaparición del socialismo eurosoviético supuso el derrumbe de una meta aceptada sobre cuál debía ser el camino por seguir. Ese vacío recién ahora estaría comenzando a llenarse con la conceptualización de nuestro socialismo que, espero, no conduzca a seguir idealizando el pasado, sino a construir un paradigma común de prosperidad racionalmente alcanzable.

Hace poco, la nación le dio rostro teórico al país que queremos. En esa Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista encontraremos que una de las palabras que más se repite es prosperidad, pero entendida como el resultado del crecimiento económico sustentable y justicia y equidad sociales, en armonía con el medio ambiente, el uso racional y la preservación de los recursos naturales, así como el cuidado y enriquecimiento del patrimonio de la nación.

Tal espíritu humanista tiene raíces en el devenir revolucionario de la nacionalidad antillana y la concepción de república de visionarios como José Martí, quien expresó: "¡Unámonos, ante todo, en esta fe; juntemos las manos, en prenda de esa decisión, donde todos las vean, y donde no se olvida sin castigo; cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!".

Puede que se haya abierto una grieta para la expresión de una especie de "genes recesivos de la anexión cultural" al consumismo y el individualismo capitalista. Así que sería importante que nuestros compatriotas compartan conscientemente la valía de eso que genéricamente conocemos como Revolución, que, opino, significa por encima de cualquier otra cosa, la oportunidad histórica de conquistar la justicia y dignidad política y económica posibles para todos.

Visto 3990 veces Modificado por última vez en Martes, 30 Enero 2018 14:30

Escriba su comentario

Post comentado como Invitado

0
  • No comments found